domingo, 19 de noviembre de 2017

ENTREVISTA A PABLO PEREZ NAVARRO

 
 
 
 
 
 
 
 
 
Por Ascensión Marcelino Díaz
 
 
Pablo Pérez Navarro es Licenciado en filosofía por la Universidad de Granada y doctor en filosofía por la Universidad de La Laguna. Autor de Del texto al sexo. Judith Butler y la performatividad, publicado por la editorial Egales en 2008, libro en el que realiza una lectura de la filósofa norteamericana desde la perspectiva de la filosofía del lenguaje. También ha participado en obras colectivas de filosofía, estudios de género y teorías queer como Teoría queer. Políticas bolleras, maricas, trans, mestizas (Egales, 2005), Judith Butler en disputa.
Lecturas sobre la performatividad (Egales, 2012), Conjunciones. Derrida y compañía (Dykinson, 2007) o Éticas y políticas de la alteridad (Plaza y Valdés, 2015). En la actualidad Pérez Navarro es investigador posdoctoral en la Universidad de Coímbra en Portugal, en donde participa en un proyecto de investigación llamado INTIMATE, que estudia la ciudadanía íntima de personas LGBTQ en Europa del Sur con la finalidad de visibilizar la diversidad sexual, afectiva y relacional tanto en la academia como fuera de ella.
 
 
P. ¿Dónde naciste?
R. En Barcelona. Pasé mis primeros tres años de vida allí, en un barrio de San Cugat del Vallés llamado La Floresta. Después mis padres se trasladaron, y a mí con ellos, a La Laguna, en Tenerife.
 
P. ¿Por qué decidiste estudiar filosofía?
R. Fue una decisión tardía. Aunque siempre se me dieron bien las letras, me encaminaba hacia las ciencias puras. Estudiaba física cuando entré en una crisis vocacional. Sentí la necesidad de reorientarme hacia algo que me pusiera en contacto con la realidad social y pensé que lo podía encontrar en la filosofía.
 
P. Tu carrera universitaria la realizaste en Granada pero tu doctorado en Canarias, en la Universidad de La Laguna. ¿Qué te impulsó a ello?
R. La Universidad de La Laguna ya la conocía, dado que cursé allí el primer ciclo. Cuando me licencié, tras un año de beca Séneca en la Complutense de Madrid, estaba decidido a escribir una tesis sobre Richard Rorty. Aunque no llegó a ser profesor mío durante la carrera, mi principal referencia sobre ese autor era Gabriel Bello Reguera, catedrático de filosofía moral de la Universidad de La Laguna. Además, La Laguna tenía la ventaja de que podía contar con la casa de mis padres para vivir, cosa que hubiera sido crucial de no haber conseguido la beca para la realización de la tesis.
 
P. ¿Hubo personas que puedan considerarse tus mentores? ¿Quiénes te apoyaron?
 
R. No usaría la palabra mentores pero a Gabriel Bello, mi director de tesis, le estoy enormemente agradecido. Primero por animarme a centrar mi tesis en Judith Butler, una autora que no era aún (en España) ni tan leída ni tan reconocida como ahora. Segundo, por la enorme libertad que me dejó para desarrollar la investigación. Por otro lado, Paco Vidarte fue también para mí un gran estímulo intelectual y una gran influencia, además de amigo. Su curso sobre teoría queer me marcó en muchos sentidos. Tras asistir como alumno, me invitó a impartir una sesión en la segunda edición, además de a participar en el libro Teoría queer, políticas maricas, bolleras, trans, mestizas. Su forma de recibir mi trabajo representó, para mí, el primer momento en que sentí la confianza de que lo que yo pudiera tener que decir podría, quizá, interesarle a alguien más.
 
P. Actualmente estás en la Universidad de Coimbra como investigador posdoctoral. ¿Podrías hablarme de la universidad, de las dificultades o facilidades que encuentras/encontraste para realizar tu trabajo?
R. Dificultades es la palabra que destacaría de tu pregunta. Siento que he podido formarme a lo largo de bastantes años gracias a becas, lo que representa una inversión colectiva en mi formación. Al desmantelamiento neoliberal de las humanidades hay que sumarle la endogamia de los concursos públicos de plazas de profesorado universitario que es, literalmente, de juzgado de guardia. Lo que deberían ser convocatorias abiertas son por lo general oportunidades prediseñadas ad hoc para personas concretas con vínculos muy estrechos con las personas encargadas de convocar las plazas. Por ejemplo, se puede pedir un docente para una asignatura de carácter no específico, del tipo Filosofía contemporánea, y pedir que sea especialista en los autores X, Y y Z sin justificación alguna, simplemente porque la persona “de la casa” tiene publicaciones sobre la improbable combinación de X, Y y Z. Además de perjudicar a la calidad docente, estas prácticas nos dejan prácticamente fuera del sistema a quienes carecemos de padrinxs. Máxime cuando los trabajos sobre teorías queer o estudios de género corren el riesgo de ser puntuados por los tribunales  de manera irrelevante.
 
P. Tu militancia en la Asamblea Transmaricabollo de Sol y en el 15M, ¿ Qué ha supuesto para ti personal y profesionalmente?
 
R. El 15M me da, poco antes de un período entre dos becas postdoc, de paro, incertidumbre y trabajos basura, la oportunidad de sentirme, en un sentido muy tangible, parte de una colectividad de víctimas de un mismo régimen político-económico. Víctimas que, sin embargo, no nos resignamos a serlo sin presentar batalla. Me reposiciona políticamente en el mundo y me hace consciente de la necesidad de nuevos relatos colectivos desde los que hacer frente a la desoladora propaganda inhóspita y austericida que nos rodea. La Asamblea Transmaricabollo de Sol, más en concreto, me da la oportunidad de encontrarme con otras con quienes convertir mis, a veces, hiperminoritarios posicionamientos teórico-políticos en acción directa.
 
P. Hablas en la entrevista que te hicieron en el blog Disidente, de la academia y del activismo, y me gustaría que me hablaras del tema, de si las relaciones entre ambas han mejorado o siguen estando igual.
R. Me siento tan distanciado de ciertos sectores del feminismo español y, en especial, del que ocupa los grandes espacios institucionales en la academia y fuera de ella, que incluso ignoro hasta qué punto son o no tan hostiles e impermeables como en el pasado a la obra de Butler o a los feminismos queer en general. Entiendo que, pese a las hostilidades, el reconocimiento y la influencia del pensamiento de Butler las obliga puntualmente a dialogar desde posiciones de aparente respeto intelectual, cuando preferirían poder haber seguido despreciando sin más las críticas lanzadas desde los feminismos queer al feminismo que ellas representan.
 En cualquier caso, pese al desinterés mutuo existente entre feminismos y formas de entender el papel social de la universidad irremediablemente distantes entre sí, existen zonas de fricción que nos obligan, cuanto menos, a cobrar conciencia de estas distancias. Las zonas en conflicto, esas en las que el encuentro es inevitable, varían a lo largo del tiempo (y del espacio) y me atrevo a decir que algo se ha avanzado desde los tiempos de las sex wars hasta hoy. A pocas teóricas se les ocurre argumentar, por ejemplo, en favor de la censura de la industria pornográfica, pese a que los argumentos que utilizan en relación a la abolición del trabajo sexual sean prácticamente los mismos, pues saben que resultaría anacrónico e intolerable en el clima político del presente.
 
De estas insalvables diferencias entre diferentes culturas feministas, me preocupan especialmente aquellas en las que el discurso hegemónico sostiene decisiones políticas y legislativas que condicionan la vida de amplios grupos de personas. Sobre todo cuando las condiciones de vida de quienes producen esos discursos no tienen nada que ver con las de aquellas sobre las que recaen sus consecuencias. El trabajo sexual o la gestación subrogada son, por poner dos ejemplos, dos áreas de este tipo, en las que el abolicionismo impide que se garanticen los derechos imprescindibles para mejorar significativamente la vida de muchas. Es en estas zonas de conflicto, en las que intersectar la producción académica y la labor activista donde me parece más importante invertir esfuerzos.
 
P. Tu libro  Del texto al sexo, gira en torno a la figura de Judith Butler. Quisiera que me contaras cómo llegaste a ella, la primera vez que escuchaste hablar de Butler, cómo fue tu experiencia de lectura de sus libros, del ambiente que rodeaba a su recepción, dónde y a través de quién.
R. Fue muy personal, en el sentido de que fue totalmente fuera del ámbito académico. No sé cómo llegó Gender Trouble a mis manos, sólo recuerdo que fue en el último año de carrera. En un primer momento me sirvió para entender que Foucault y Derrida podían tener una relevancia política fundamental respecto a problemas políticos candentes de un modo que contrastaba enormemente con la visión respetuosa pero políticamente descorazonadora que Richard Rorty podía tener de ellos.
Por otro lado, en parte debido a las enormes carencias en materia de pensamiento feminista de los planes de estudio de Filosofía, Butler se convirtió en mi primera gran profesora de feminismo. En cierto modo, supongo que con ella me lancé a la un tanto paradójica tarea de aprender a un tiempo teoría queer e historia del pensamiento feminista.
 
P. Me gustaría conocer tu opinión, tu visión personal de quién es Butler y qué representa.
R. La conocí muy brevemente en Nueva York. Siempre me ha parecido muy abierta y accesible pese a la saturación social que conlleva su posición. Considero que Butler ha convertido al feminismo en la clave de lectura más intensa y políticamente significativa de la filosofía postestructuralista, por una parte, y que ha convertido a la filosofía postestructuralista en la clave de lectura crítica más productiva del pensamiento feminista, por la otra. Cualquiera de las dos tareas la habría convertido en la filósofa más importante del fin de siglo. Hacer eso rompiendo de paso las barreras que separan al público académico del no académico, inspirando a los activismos y contraculturas de las disidencias sexuales y de género de un modo muchísimo más acusado, si cabe, a como las lecturas de Foucault pudieron acompañar los primeros pasos del activismo de grupos como Act Up, es el difícil de sobrevalorar suplemento que redondea la imagen de su influencia en la cultura contemporánea.
 
P. Últimamente existe un movimiento muy fuerte para prohibir la prostitución. Tú hablas de trabajadoras del sexo y de putofobia. ¿Cómo ves el asunto?
R. Lo veo, en primer lugar, como una muestra de la vigencia del componente más moralista del ala conservadora de las sex wars. Es decir, como una muestra de la vitalidad de muchas de las premisas del feminismo cultural y de las cruzadas antipornografía de Mackinon, Dworkin y compañía. Como en aquel caso, se victimiza a las trabajadoras del sexo (actrices porno aquellas, prostitutas estas) hasta privarlas de voz. No sólo se las considera privadas de autonomía cuando toman sus propias decisiones laborales, sino que se las excluye de los procesos de negociación con las administraciones públicas y de prácticamente todos los procesos de formación de discursos en torno a la prostitución.
 
Además, en segundo lugar, veo este fundamentalmente como un problema de lucha por los derechos de un colectivo de trabajadoras y trabajadores. Me parece gravísimo que una parte importante del feminismo institucional trabaje para bloquear cualquier avance en derechos de ese colectivo, contribuyendo a su precarización, al aumento de los riesgos en sus condiciones de trabajo, a favorecer la explotación por falta de convenios colectivos a los que acogerse, a mantener el estigma sobre aquellas a quien se dice querer proteger. Se trata de un feminismo de vocación salvífica que paradójicamente porta sangre, sudor y lágrimas a su espalda, entre otras cosas porque la incapacidad para diferenciar teórica y políticamente entre trabajo y trata con fines de explotación sexual complica todas las tareas policiales y judiciales de persecución de la trata.
 
P. ¿Podrías hablarme de la relación que mantienes con otrxs teóricxs y activistas como Gracia Trujillo, Javier Sáez, Carmen Romero Bachiller?
R. Con Javi me une ante todo el recuerdo de Paco, con quien compartimos amistad (la de él mucho más cercana y sobre todo prolongada que la mía). Por lo demás. respeto mucho su trayectoria activista y su labor de escritura, traducción, edición y difusión de trabajos en torno a las teorías queer. Con Gracia he compartido espacios de militancia como la Asamblea Transmaricabollo de Sol. Admiro no solo su labor académica y su reconstrucción de la historia del activismo lesbiano en el estado español con una mirada queer, sino, sobre todo, su capacidad para comunicar contenidos teóricos y políticos. Contagia el entusiasmo por lo que hace. Compartimos espacios, amistad personal y proyectos académicos. A Carmen la conozco mucho menos, pero también compartimos asambleas al comienzo del 15M y hemos coincidido en diferentes espacios académicos. Siempre es un placer tanto leerla como escucharla.
 
P. ¿Podrías hablarme de otrxs personas que consideras importantes y que yo no haya mencionado?
R. Paco Vidarte. Fue uno de los motores de mi interés por la teoría queer, incluso antes de oír hablar de estas. Sus obras menos académicas, como Extravíos y sobre todo Homografías, o incluso sus colaboraciones en algunas revistas, formaron parte de mi actitud político-sexual antes de saber quién era Judith Butler. Hablando de activismo, ha sido fundamental para mí el encuentro con Mónica Redondo, en la Asamblea Transmaricabollo de Sol. He aprendido mucho no sólo de su experiencia como activista, sino de su capacidad para convertir la convicción política en un motor vital de primer orden. Aunque a veces duela. Las larguísimas conversaciones que he mantenido con ella sobre las historias pasadas, presentes y futuras del activismo forman parte de mi manera de pensar. Y, además, es una gran amiga.
 
Elvira Burgos, de vuelta al plano académico, ha sido para mí uno de los grandes referentes en lo que a la recepción hispanohablante de la obra de Judith Butler se refiere. Nadie ha hecho tanto como ella desde la Filosofía y desde el pensamiento feminista por dar a conocer y valorar la obra de Butler en nuestro país. Fue parte de mi tribunal de tesis y uno de las personas que me animaron a seguir adelante durante su elaboración.
Ya en Portugal, me ha marcado el encuentro con Ana Cristina Santos, artífice y coordinadora del fantástico proyecto INTIMATE, de quien continúo aprendiendo cada día a tejer lazos entre la academia y el activismo. Trasladarme aquí también me ha permitido conocer a João Manuel de Oliveira, que ha sido no sólo un estímulo en mis trabajos recientes sino, además, uno de los amigos que me ha hecho más fácil el tránsito entre los dos países de la península ibérica. Lo mismo que Luciana Moreira, con quien he compartido estos últimos años idas y venidas de trabajo de campo entre Madrid y Coimbra y que ha hecho de esta última una ciudad mucho más cálida de lo que su prolongado invierno pudiera llegar a sugerir.
 
Aprendí mucho también de María José Guerra Palmero, durante mi doctorado, y de su enorme capacidad para entablar diálogos críticos y sosegados entre corrientes feministas muy diversas.

GUERREROS Y TRAIDORES: AALTO solo ante el peligro.


 

 

 
La primera biografía firmada por el experto historiador Jorge Reverte, tal vez algo novelada por la lejanía de los personajes y los hechos, es una verdadera bomba de relojería  y una reflexión inteligente sobre un paso y pasado histórico que siempre vuelve, sobre todo cuando sus heridas siguen abiertas o mal ocultas. Un libro ameno (nada de los típicos libros de historia de triste recuerdo académico) muy  documentada pero nunca farragosa, sin datos innecesarios pero acercándose y alejándose a los personajes y sus circunstancias vitales con la habilidad de un gran cineasta o un novelista moderno. El libro se sitúa en su mayor parte en la contienda española, como siempre en los libros de Reverte, visto del lado de los perdedores, con una furia antifascista y belleza incontestables. Esos perdedores que aún buscan su página en la geografía de este país turbulento y maltratado. Famosos poetas que desfilaron por allí como W.H. Auden ponen la nota de contraste a los soldados anónimos o a los muchos voluntarios (periodistas, escritores, sindicalistas, obreros, cronistas) que fueron a una guerra que no interesó en exceso, y salvo nobles excepciones, a los llamados “aliados” o “fuerzas democráticas, y que supuso una larga dictadura que, en cierto sentido, nunca ha acabado de terminar, como hemos podido comprobar recientemente. Pero “Guerreros y traidores” inspirada en la vida de William Aalto tiene una segunda parte que se desarrolla, sobre todo, en EEUU donde algunos de esos hombres y mujeres (Alvah Bessie, Lilian Hellman, Dalton Trumbo-Johnny cogió su fusil- y el propio Aalto, todos ellos escritores en ciernes aunque de diferentes estilos y logros y  curtidos en el mundo del periodismo ) deben enfrentarse de diferentes formas a la caza de brujas desatada por el siniestro senador McCarthy y al espionaje del FBI orquestado por el siniestro Hoover La homosexualidad tapada (aunque él no la oculto casi nunca, a pesar de los tiempos y la construcción heroica del guerrillero)  de Aalto y de algunos sus amigos y/o amantes le va a costar cara cuando incluso  sus “camaradas” de partido lo alejen de todos los frentes debido a su amor a los muchachos y los hombres y su negativa a encerrarse en el armario de la época, un armario lleno de rojos y gente LGTB que empezaba a asomar en medio de una "guerra fría" que helo a una generación entera .
 
Que las divisiones internas en la izquierda española siempre han favorecido al fascismo neoliberal es algo que volvemos a ver estos días pero Reverte se atreve a hablar con sinceridad de la asignatura pendiente de muchos espectros sociopolíticos, también los de izquierdas, unidas o por separado.  El protagonista del valiente libro de Jorge M. Reverte estuvo acompañado en su guerra contra el imparable avance del  fascismo en España, que era un experimento sobre el poder de la dictadura pero estuvo más bien solo en su batalla contra los fascistas de la postguerra, porque estaba en las listas negras aunque no era conocido y respetado en su profesión de columnista y literato todavía comprometido con los ideales comunistas por los que se dejó la piel en España. Aalto, de carácter irascible, difícil y temperamental, intentará brillar como escritor haciendo poesía revolucionaria pero solo será una sombra con la ocasional ayuda y protección de su viejo amigo Auden, autor del mítico y desgarrado poema “Spain” (ya emblemático en la cultura mundial sobre la guerra y sobre el estado español). El rechazo de los “comunistas puros” hacia la entonces llamada "desviación burguesa", “degeneración ideológica” o “flaqueza espiritual” de Aalto lo empujan aún más al ostracismo, el refugio en el alcohol y las juergas o reyertas callejeras que no siempre acababan felizmente aunque el origen fuera el buscar compañía masculina en un “tiempo maldito”, como diría el realizador Javi Larrauri. Un libro imprescindible para aquellos que, de verdad quieren rescatar la memoria histórica (con mayúsculas pero también con "minúsculas"), algunos trapos sucios, heridas o cicatrices, abrir fosas  y, sobre todo, tener en cuenta sus muchos daños colaterales para una reflexión sincera y profunda y con vistas a una renovación del imaginario machista todavía vigente en un sector de la izquierda por estos lares. Aalto va a morir de leucemia, solo en un hospital público, ya con muy poca gente a su lado, con más enemigos que amigos, aunque con una trayectoria tan dura como apasionante desde el punto de vista personal e histórico. A este respecto me limito a citar las palabras finales de este importante y ameno libro de Reverte que a pesar de su solidez y lúdica agilidad de los personajes y las situaciones -revividas con tesón-deja una sensación de amargura, desolación, ironía, desencanto   y  una seca  tristeza

“Schuyler, su gran amor, su primer amante, no ha sido capaz de ir verlo mientras agonizaba, porque no soporta la visión del dolor. Bill, en todo caso, tuvo su momento, cuando era un chico encantador, y no la versión salvaje de Rodolfo Valentino en que se convirtió. Schuyler sueña a menudo con él, pero con el Bill que era antes de convertirse en una figura de terror ¡Cuidado con los finlandeses, se vuelven asesinos cuando beben! Ha sido enterrado en la sección Y del cementerio, en una tumba con el número  2655.”

 

"Como un guerrero. Aunque no estuvieran allí los camaradas de España.  Los que lucharon junto a él. Tan solo un par de sus amigos maricones"

LAS CENIZAS DE GRAMSCI: Canto 3. de Pier Paolo PASOLINI


 

 
 

Un trapo rojo como aquel enroscado en el cuello de los partisanos y cerca de la tumba, sobre el terreno calcinado

diferentemente rojos, dos geranios. Allí yaces, señalado con adusta elegancia no católica, en el elenco de los extraños 

muertos: Las cenizas de Gramsci...A la esperanza y a la vieja desconfianza te acerco, caminante sin rumbo en esta flaca tierra, frente

a tu tumba, a tu espíritu apresado acá entre estos liberados(O existe algo diferente, quizás de mayor éxtasis

y también de mayor humildad, ebria simbiosis adolescente de sexo y muerte...) y desde este país en el que no tuvo descanso

tu alerta, percibo qué error aquí en la quietud de las tumbas- junto  a qué razón -en el inquieto destino

nuestro- tuviste escribiendo las supremas  páginas en los días de tu asesinato. Aquí para testimoniar el semen

aún no esparcido del antiguo dominio, estos muertos aferrados a una posesión que ahonda en los siglos su abominación

y su grandeza: y al mismo tiempo obsesión esa vibración de yunques, sordamente sofocada y profunda- del humillado

barrio-para verificar el fin. Y heme aquí...pobre, vestido con ropas que los pobres espían en las vidrieras

de chillón fulgor, y que han perdido la suciedad de perdidas calles de los bancos de tranvías que vuelven

confuso mi día: mientras siempre más raras son estas vacaciones, en el tormento de mantenerme vivo; y si me ocurre

de amar el mundo no es más que por un violento e ingenuo amor sensual así como, confundido adolescente, en una época

lo odié, si me hería el mal burgués a mi burgués: y ahora, dividido -contigo- objeto parece 

de rencor y sí casi de místico desprecio, la parte que tiene el poder? sin embargo sin tu rigor, subsisto

porque no elijo. Vivo en la apatía de la eclipsada postguerra: amando el mundo que odio- su miseria

despreciable y perdida- por un oscuro escándalo de la conciencia...

viernes, 17 de noviembre de 2017

PÁJARO BLANCO BAJO TORMENTA DE NIEVE de Gregg Araki. Queer poesía.










“Pájaro blanco sobre la tormenta de nieve” es una película difícil. Aparentemente es la historia de ¿misterio? más convencional del iconoclasta Gregg Araki, abanderado de cine queer o gay contestatario con películas como “The living end” y siempre imprevisible en su siguiente apuesta.  Pero estamos ante de otro paso aún más seguro sobre un terreno resbaladizo ya pisado por su director. Un terreno helado como las pesadillas de su joven protagonista femenina, a la vez precoz e ingenua, empañada por la desaparición de una madre que había ido perdiendo las ilusiones depositadas en su matrimonio.  La mezcla de humor negro y retrato entristecido, desolado y a la vez increíblemente sexual de la juventud de su país.

Algún pajarito (no precisamente blanco)  le dijo a Araki que le iban a comparar con el (para mí, quitando “Muholland Drive”, increíblemente pedante y, a ratos, superfluo) David Lynch y ni corto ni perezoso mete a mitad de película un cartel de “Cabeza borradora” para ahuyentar a los seguidores de Laura Palmer. Pero a quien se copia Araki es a sí mismo y a su potente “Mysterious skin”  con la segunda (o tal vez primera) protagonista femenina de su filmes: una no especialmente simpática (más bien arisca) adolescente estadounidense  que llega a repetir frases que resuenan como un eco a otras de su tristísimo filme, donde consigue, casi del todo, trasponer el universo irónico, desolador y terrorífico del libro de Scott Heim. “Pájaro blanco” como- en otro registro-“Mysterious Skin” (llamada en castellano –donde ha pasado directamente a DVD-  “Oscura inocencia”) remite a una Norteamérica asfixiante y potencialmente violenta, con personajes a la vez integrados y desintegrados en las imágenes. Son esos EEUU de Ginsberg “que tosen toda la noche y no nos dejan dormir”. Pero en el cine de Araki hay una mezcla de desparpajo y desesperanza, desmarcándose de utopías colectivas. Si  en la novela de  Heim estaba toda una tradición de la narrativa sureña y gótica aquí se acerca más a una versión pop de Patricia Highsmith  con dejes de esa juventud rarita que retrato en su “Trilogía adolescente” formada por “Totally fucked ****”, “The doom generation” y “Nowhere”. Uno sabe que Araki hace la película que quiere en cada momento;  es de los pocos cineastas que son admirados por algunas de sus películas y no tanto por otras pero, como Almodóvar (sin tener nada que ver el universo falsamente “fálico” de uno con el falsamente “femenino” del otro) ha conseguido adeptos consigue atrapar en películas como la combativa “The living end” (que lo convirtió en uno de los nombres más sonados del cine independiente de los noventa), “The Doom Generation” o la más cuidada “Mysterious Skin” que sigue siendo la película más próxima a un filme levemente más clásico de lo habitual pero que no decepciona a sus seguidores. Como la Amy de “The Doom Generation” la protagonista de “Pájaro blanco bajo tormenta de nieve” y como algunos personajes secundarios de otros filmes (algunos parejas de lesbianas poco complacientes o bisexuales subversivas) es una joven sexualmente deshinbida – o al menos deslenguada y sin miedo a practicar el sexo en su versión más previsible-  y sin más prejuicios que los heredados de vivir en una sociedad salvaje, hipersexualizada, hipócrita, puritana… y aquí también algo plana y bastante banal. Araki se guarda una carta muy suya para el final que confronta al público con ideas y prejuicios característicos de ese cine negro rural al que parodia y a la vez homenajea levemente. Podemos dudar de muchos personajes pero la sorpresa es mayúscula y la risa histérica de Eve Green desactiva la risa tonta de algunos espectadores/as. 
 
En este terreno si hay imágenes que pueden recordad la iluminación artificiosa de algunos interiores de Lynch pero también al pastiche de algunos filmes de Todd Haynes, Mary Harron, Michael Cuesta o a la autoparodia de algunos autores del cine juvenil recienta al que a la vez debe y reprocha cosas en sus filmes, todos con una potente  carga anti-homofóbica. En algunas de sus películas parece indagar en el ¿misterio? del romance de un director hipergay con una de sus actrices. Así en su celebrada comedia surrealista “Kaboom” exploraba la sexualidad de un protagonista atractivo, en esta ocasión como en “Mysterious skin” evita los planos sexualmente “comprometidos” que le dieron fama desde “The living end” pero a cambio ofrece un montón de literatura sobre diferentes versiones de la masculinidad y de la feminidad. Eva Green que interpreta con brillantez y más de un toque “camp” y “noir” a esa madre que desparece misteriosamente parece consciente de que su personaje es una apropiación crítica del papel de la mujer entre el rol tradicional y el coqueteo con las libertades conseguidas. No es causal pues que Araki situé uno de sus filmes más amargos en la década de los ochenta. No obstante, algunos de sus chistes privados, son enormemente contemporáneos así como la soltura con la que hablan los amigos de Kat (Shailene Woodley) que acaba de protagonizar el filme independiente y romántico heterosexual “Bajo las estrellas” como le ocurrió al Joseph Gordon Levitt en la también bienintencionada pero demasiado blanda “500 días juntos”, que le ha dado más popularidad a pesar de que el riesgo corrido es el mínimo.  Araki en casi todos sus filmes logra escenas de una gran tensión sexual- se hagan o no explícitas de forma irreverente o apasionada- y otras basadas sobre todo en la fuerza de los diálogos sobre todo en sus dos películas basadas en novelas que no le han impedido mezclar elementos muy personales con otros tomados del libro de forma casi literal. Araki no teme resultar cursi porque sus personajes no lo son, empezando por Kat que se aleja de la típica chica estadounidense o su madre en un terreno pasivo agresivo que se decanta por la caricatura de la “mujer esposa-madre”. Estamos en un terreno que si visualmente puede recordar imágenes no solo de Lynch sino de algunas series elaboradas de misterio en pequeños pueblos de EEUU pero que rompe abruptamente con esta atmósfera incluyendo (con un montaje agresivo que no ha abandonado nunca) sorpresas además de puyazos nada complacientes a la sociedad estadounidense y en este punto a parte de en su lado kitsch y gay por senderos intrincados pero visibles casi desde el primer fotograma. Aunque los críticos jóvenes, tal vez ante la evidencia o ante la influencia de sus colegas anglosajones, han empezado a incluirlo en sus a veces pretenciosos o armarizados sobre el cuerpo en el cine (como a Gus Van Sant) Araki es desde el principio de su carrera alguien que parece no tomarse en serio sus terribles argumentos, llegando a la comedieta gruesa y convencional en algunas ocasiones, y entrando, en otras, finalmente en los secretos mejor guardados sobre una generación, un país o una cultura y conservando ese montaje agresivo que caracterizó filmes ya míticos de principios de los 90 como “Poison”, “Swoon”, “Zero patience” o “Hustler White”.

INFLUENCIAS Un poema de Zelda Johns


 


                                Foto: Almudena Eslava.




 

Acabo de leer un libro tuyo,

Un libro tuyo que parece mío.

Estaba en la Billy blanca,

La Billy que nos compramos

Cuando empezamos a vivir juntas.

 

¿te acuerdas?

 

Veo lo que has subrayado.

Te voy reconociendo,

Despacio,

 En todas y

Cada una de las frases que has subrayado.

Estas ahí, no lo puedes negar

Y me enamoro de golpe

De ti,

Tú.

Me enamoro de lo que leo,

En todo lo que has subrayado.

 

Pienso en mandarte un was

Contarte esa sensación de volver a enamorarme

Sin mañana.

De querer follar contigo para

Tener todo lo que has subrayado

De nuevo

Entre mis piernas.

Leo que alguien escribió 20 páginas para cortar

Y pienso:

Si te dejo te escribiré 20 páginas

Pero ahora no quiero dejarte,

Ahora estoy tonta y locamente

Enamorada de ti.

domingo, 12 de noviembre de 2017

LADRAN LUEGO CABALGAMOS: JUDITH BUTLER PERSEGUIDA EN BRASIL


 







 
Más de 350.000 personas firmaron contra la visita de Judith Butler a Sao Paolo, solo cuarenta fueron a recibirla y tres o cuatro fueron a agredirla al aeropuerto donde se defendió con ayuda de su compañera. Los fundamentalistas ultras de diferentes sectas del cristianismo o el catolicismo han oído campanas y creen saber dónde. Lemas sonrojantes y con resabios fascistoides como menos–Butler y + Familia o “No a la Ideología de Género” u otros copiados del imaginario del Klu-Klu-Klan como “Pervertidos al infierno” han calado en la extrema derecha brasileña que los ha propagado entre una base cristianoide, rancia y más cegata y confudida que nunca. Así están las cosas. Los travesticidios en Latinoamérica que Butler ha denunciado, su política en el Ocuppy Wall Street en New York y su posicionamiento anti-Israel ya la han convertido en una figura pública.
 
Pero lo que estos fundamentalistas más odian o dicen odiar son sus incendiarias teorías del género o más bien lo que han oído sobre ellas ya que no es difícil adivinar que ninguno de ellos se ha molestado en abrir un libro de Butler antes de echarlo en la hoguera de la Inquisición. A algunas feministas anti-queer y movimientos LGTB asimilacionistas, por no hablar de los grupos de izquierdas a la antigua usanza, debería empezar a preocuparles esta coincidencia con la derecha ultrareligiosa mas furibunda. Pero en este caso se trata más bien de las sectas episcopalianas de Brasil hundidas en sus miedos más irracionales. Creen que el pensamiento de Butler pone en peligro sus frágiles creencias y propaga las ideas del libertinaje abocando a la disolución de los géneros binarios. Me temo que aunque Butler pretendiera eso la cosa no es tan fácil en ninguna parte del mundo. Los fundamentalistas garrulos pueden estar tranquilos, que sus familias catequéticas están a salvo así que dejen viajar,  hablar y opinar a Butler en paz en aras de una libertad de expresión que tanto cuesta conquistar en países como Brasil, amenazado una  y otra vez  por la derecha totalitaria, la desestructuración social, el machismo, la transfobia, la diversofobia, y los golpes de estado políticos e ideológicos.



 

EL JOVEN KARL MARX de Raoul Peck



 
 
El realizador afroamericano Raoul Peck (conocido recientemente por el brillante documental sobre el racismo y la figura de James Baldwin “I´m not your negro”)  se lanza con agallas y a la vez con excesiva prudencia y pulcritud estilística a un fragmento de la vida de una de las figuras más emblemáticas, decisivas e influyentes en la historia del pensamiento político del siglo XIX: el filósofo alemán Karl Marx, al que da vida con esfuerzo el actor August Diehl. Peck se centra en el periodo de juventud que abarca desde que conoce a Friedrich Engels (Stefan Konharske) hasta que se deciden a redactar juntos el “Manifiesto comunista” a petición de la sociedad británica del momento. Con una cuidada ambientación de época y un ritmo bastante ágil para ser un filme lleno de ideas y dialéctica, “El joven Karl Marx” dista mucho de ser una gran película o una “película definitiva”, pero consigue una aproximación visualmente digna, bien interpretada y contada con soltura a un trozo de la historia reciente a través de algunas de sus figuras que hicieron evolucionar el pensamiento  partiendo de los cambios sociales producidos como consecuencia de la Revolución Industrial y el nacimiento del proletariado del siglo XIX en las grandes ciudades y las grandes fábricas de horarios y condiciones de vida inhumanos.

 

“El joven Karl Marx” analiza algunas de las contradicciones vitales de los filósofos de la época que se movieron entre varias clases sociales y ambientes políticos y culturales cambiantes, algunos acontecimientos decisivos y, sin dejar de ser un filme de ideas, se centra, sobre todo, en el retrato humanista y el periplo de un personaje sometido a la incomprensión de su tiempo hacia sus ideas tratando  -con ayuda de su compañero de batallas filosóficas y luego políticas- de situar a la clase de obrera en el centro de las nuevas luchas sociales del momento. Peck se reserva algunas zonas ambiguas que enriquecen el filme como el papel otorgado a Jenny Marx o a la mujer de Engels, surgida de una de esas fábricas propiedad de su padre, o  la relación, a la vez intensa y tensa ya entonces, entre comunistas y anarquistas (personificados por su encuentro con Proudhon) a propósito los senderos de lucha emprendidos.

Entre los mejores momentos del filme la visita del joven y atildado Engels al refugio de los obreros irlandeses, donde conocerá a la que será su mujer, el “flechazo intelectual” entre Marx y Engels en su primer encuentro (en el que apreciamos finalmente la resaca cerebral pero no sabemos si “hubo más que palabras”) y el discurso de este último, venciendo dialécticamente a sus oponentes ante un público indeciso. Con todo, estamos ante un filme algo imperfecto e impreciso, lejos de la precisión de los documentales de Peck al servicio de los resortes habituales del biopic pero digno y valiente si aceptamos las convenciones del género, de lo que nos expone y algunas concesiones al cine comercial o independiente europeo.