martes, 17 de octubre de 2017

CINE TRANS: 52 MARTES de Sophie Hyde





Después del interés  y controversia suscitada por filmes como “Romeos” o, sobre todo, la más sencilla y hermosa “Tomboy”- ambas sobre mujeres o niñas  que se sienten varones o que ya lo son antes de la asignación o diagnóstico médico-y a la espera de la llegada de la chilena “La mujer fantástica” nos toca analizar el estreno en DVD de la australiana “52 martes”, ópera prima de la realizadora  Sophie Hyde. La joven realizadora mezcla formatos y texturas, demuestra destreza, desparpajo, cierta naturalidad de partida y talento visual aunque pone demasiados dispositivos de confesión y construcción del discurso de la “verdad” entre los personajes y el espectador/a, quedándose a medias en muchos de los senderos abiertos, con mayor o menor acierto y también cierta tendencia al histrionismo y los momentos forzados. Estamos ante un filme episódico, caleidoscópico, con algunos toques líricos, algo desigual y paradójico, marcado por la decisión Jane/John de la madre de la joven Billy por cambiarse de sexo aunque también de alejarse temporalmente de su familia, resituada ante una mirada médica a la que no vemos pero que se multiplica en multitud de dispositivos audiovisuales de confesión foucaultiana, a veces ocasional,  de la verdad sobre los sexos y los géneros, la multiplicidad de experiencias posibles, el discurso,  el viaje temporal de mujer a hombre o de niña a adulta, de espectadora a protagonista. Parece que la realizadora quiere centrarse mas en el personaje de su hija, apartando a la madre durante casi toda la semana, y centrándose mucho más en  los cambios y andanzas socio-afectivas de la vivaz adolescente protagonista. 
 
 
 Desplazando hacia ella la subjetividad de una cámara en la  que se filma  sin parar y ocasionalmente a su madre/padre (una dicotomía algo forzada) que solo se encuentra con él a lo largo de 52 martes seguidos donde se acercan o se distancias, con el núcleo familiar como punto centrífugo, nuclear pero no tan radioactivo como cabría esperar. Dispositivos como la cámara de los móviles o la cámara más tradicional queriendo apresar unas sexualidades cada vez más diversas, unos géneros cada vez más ingobernables son lo mejor de una película pequeña, amena pero no demasiado innovadora como “52 martes”. Las relaciones cambiantes entre la madre y la hija y de ambas con el entorno (padre y amigos/as incluidos)  son interesantes pero la directora no sabe dotar a los dos personajes principales de los matices necesarios cayendo en algunos clichés no sabemos si inevitables, sin que la evolución de su relación acabe de resultar todo lo natural que pretende. Estamos ante un filme mas inteligente que “Romeos”, mucho mas aparatoso en su construcción dramática que “Tomboy” o “Boys don't cry” (aunque también más lúdico y optimista que éste último)   y que nos habla no solo del camino a través de las fronteras socioculturales del género sino de las experiencias sexuales en la adolescencia como réplica a la redefinición de los roles en el llamado “mundo adulto”, como sátira o posicionamiento de rebeldía y finalmente cierta empatía. El deseo de Billy de filmar a sus amigos/as en plenas relaciones eróticas o formando parte de ellas, la  historia de amor/desamor que inicia con una compañera de colegio y las tensiones con un nuevo amigo y su padre biológico hacen que “52 martes”, con su ágil montaje y evocadora banda sonora ,  mezcle con cierta soltura pero alguna bajada de tono el melodrama familiar y la comedia satírica y desafiante sobre los postulados de una normalidad tan endeble como la todavía llamada por algunos dispositivos médicos “anormalidad”. La diversidad sexual y la redefinición de los roles dentro del núcleo familiar incluyendo los roles padre-hija o marido-mujer la convierten en un filme interesante y complejo, algo lastrado por algunas imágenes altisonantes (de carácter histórico, geológico  y documental)  casi innecesarias salvadas por la limpieza de la mirada de la joven protagonista y el encomiable esfuerzo de todo el elenco por dar vida y trasladar a la cotidianeidad temas que normalmente no están en nuestro entorno más próximo, o no sabemos verlos aunque los tengamos delante. “52 martes”, mezclando humor y desgarro, tiene momentos de gran belleza formal aunque se nos antoja un filme algo artificioso y levemente pedante o sensiblero  para hablar con naturalidad de la diversidad de los géneros y las experiencias sexuales.
 
Un exceso de dispositivos en los que filmar la evolución de los personajes, aunque, a pesar de sus altibajos narrativos y enredos incómodos, el filme deja un buen sabor de boca ya que la decisión de Jane/John por hacer frente a la transformación corporal (a pesar de algunos problemas con la testosterona y sus efectos secundarios, algo un poco forzado ya que las hormonas masculinas no tienen tantos efectos secundarios como las femeninas) se inserta en un entorno familiar juvenil, variopinto  y reconocible que llevan a su hija a ver como esas relaciones que mantiene con amigos y amigas son igualmente artificiosas, construidas y a la tan  vez complejas que el honesto viaje de su padre hacia la autenticidad y la auto-aceptación en un medio que se mueve entre el interés, el control, el hedonismo y la perplejidad. La valentía de las sentencias finales recupera un poco el tono reivindicativo  y amateur de un filme algo frío y desangelado pero lleno de emociones contenidas que abusa de los primeros planos de la joven protagonista pero también evita la mirada morbosa, compasiva o escéptica.

lunes, 16 de octubre de 2017

OCTUBRE TRANS: RECURSOS CONTRA LA TRANSFOBIA








chrysallis.org.es


 
 
 
 
 
www.gcollplanas.com/dibujando-el-genero/

CULTURA CONTRA LA TRANSFOBIA


 



 

LIBROS


 

 -Yo soy mi propia mujer (Charlotte Von Malsdorff) (Tusquets)

- La balada del hombre-mujer (de Dionisio Cañas) (Egales)

- La chica danesa (de David Ebershoff) (Anagrama)

-Transexualidad, transgenerismo y cultura (J.A. Nieto, edit.) (Talasa) (Ensayo)

-El eje del mal es heterosexual (Carlos Barreriras, Silvia Gauder, Carmen Romero eds.) (Traficantes de Sueños) (Ensayo)

-Middlesex (de Jeffrey Egeunides) (Anagrama)

-El género desordenado (Miquel Missé y G. Coll. edit.) (Ensayo)

-Deshacer el género (de Judith Butler) (Paidós) (Ensayo)

-Texto yonqui (de Beatriz Preciado) (Ensayo)

-Dibujar el género (de Miquel Missé) (Egales) (Ensayo)

-Intersecciones. Cuerpos y sexualidades en la encrucijada (Raquel-Lucas-Platero ed.) (Bellaterra) (Ensayo)

-Masculinidad femenina (de Judith Halberstam) (Egales) (Ensayo)

-Politicas trans (Pol Galofre y Miquel Missé edit.) (Egales) (Ensayo)

-Transfeminismos. Epistemes y flujos (Miriam Solá y Elena Urko) (Txalaparta) (Ensayo)

-Una vida normal (de Dean Spade) (Bellaterra) (Ensayo)

-Rara Avis (Daniel J. García) (Melusina) (Ensayo)

 



FILMS


 
-       -Mi vida en Rosa (de Alain Berlinier)

-       Hegdwig and the angry inch (de John Cameron Mitchell)

-       Tomboy (de Céline Sciamma)

-       Boys dont cry (de Kimberly Pierce)

-       Stonewall (de Nigel Finch)

-       20 centímetros (de Ramón Salazar)

-       Mia (de Javier Van Couver)

-       XXY (de Lucía Puenzo)

-       El último verano de la Boyita (de Julia Slondoroff)

-       Romeos (de Sandrine Benari)

-       52 martes (de Sophie Hyde)

-       Une nouvelle amie (de Francois Ozon)

-       Lawrence Anyways (de Xavier Dolan)

-       La chica danesa (de Tom Hooper)

-       La mujer fantástica (de Sebastián Leilo)

domingo, 15 de octubre de 2017

REVISIÓN HISTÓRICA DE LA FIESTA NACIONAL por Juan Argelina


 

"En 1492 los nativos descubrieron que eran indios. Descubrieron que vivían en América. Descubrieron que estaban desnudos. Descubrieron que existía el pecado. Descubrieron que debían obediencia a un rey y a una reina de otro mundo y a un Dios de otro cielo, y que ese Dios había inventado la culpa y el vestido, y había mandado que fuera quemado vivo quien adorara al sol y a la luna y a la tierra y a la lluvia que la moja". (Eduardo Galeano)


Estas palabras de Galeano representan el sentido del 12 de octubre, y el hecho de que ésta sea la fecha de la fiesta nacional, refleja que aún resuena y permanece el imperialismo que conformó aquella conquista, e impregna con fuerza gran parte del ámbito político español actual. Un hecho demasiado triste. Se la ha calificado como "día de la hispanidad", pero a mí me resulta muy difícil comprender la ausencia de autocrítica en cuanto a los hechos y consecuencias históricas que marcaron una realidad cuya simbología está cargada de militarismo. Hace tiempo que el imaginario colectivo relaciona al ejército con las esencias patrias, no sólo aquí. Es una característica propia de la creación del Estado-nación. El paso del mercenariado del Antiguo Régimen a la participación del ciudadano en la defensa nacional, surgida de las revoluciones burguesas, abrió la puerta a la identificación del pueblo con la "grandeza" de su país al expandirse tanto colonialmente como a costa de sus vecinos. Este imaginario político imperialista marcó la explotación del mundo durante el siglo XIX, y guió a los generales durante la Primera Guerra Mundial, además de articular el discurso histórico de las nuevas potencias. Lo realmente inquietante y casi esperpéntico en el caso español es comprobar la tremenda disonancia entre la pervivencia del viejo modelo imperial y una realidad presente que marca claramente una tendencia hacia la descomposición de ese modelo nacional, a pesar de tanta banderita pública. El "orgullo" de ser español, ha sido el slogan publicitario de esta ocasión, al coincidir con el problema del separatismo catalán. Habría que matizar mucho ese "orgullo", habida cuenta, no sólo de las ingentes cantidades de dinero público "nacional" descubiertas en Suiza (que parece haberse convertido en la verdadera patria de una buena parte de nuestros dirigentes) o en otros paraísos fiscales dispersos por el mundo, sino también de las graves resonancias históricas de los desastres relacionados con la participación de nuestro ejército en las aventuras coloniales de Marruecos (la Legión) y la larga y ruinosa guerra contra los independentistas holandeses durante los siglos XVI y XVII (los Tercios, que estuvieron representados en el desfile conmemorativo). ¿Es esa la tradición nacional con la que el Estado quiere que nos identifiquemos? ¿Debemos sentirnos orgullosos de esas guerras? Yo no.


La revisión histórica es necesaria. Hace ya tiempo que los estudios históricos e historiográficos han abandonado la línea del positivismo, pero parece que éste sigue dominando con fuerza la mentalidad popular. Es evidente que la llegada a América de Colón supuso un giro absolutamente disruptivo con la Historia hasta ese momento, y que cambió el rumbo de los acontecimientos mundiales a partir de ahí. Hay un antes y un después de ese acontecimiento. Pero eso no quiere decir que nos tengamos que sentir precisamente orgullosos de lo que allí se hizo, de cómo se hizo, y de sus  consecuencias. No me sirve el relato de quienes argumentan que "sólo eran salvajes", que "practicaban sacrificios humanos y el canibalismo", o que "nos recibieron agresivamente". Lo único cierto es que hubo un encuentro entre dos culturas y una de ellas destruyó y masacró a la otra, además con el pretexto de una supuesta superioridad moral, que permitió al vencedor cambiar el mundo del vencido a su antojo. ¿Por qué compartir la "gloria" de este hecho? ¿Por qué arrastrarnos a todos con su memoria? Cuando se habla por parte del gobierno español de "adoctrinamiento" como una de las lacras de las autoridades independentistas catalanas en cuanto a la educación, habría que echar un vistazo a cómo se explica en los textos escolares toda esta historia, porque esto también forma parte de la formación del ideario y del imaginario nacionalista español, como lo son también otros mitos de su discurso histórico, como el simbolizado por la Reconquista o los Reyes Católicos. Aún recuerdo las palabras de José María Aznar tras su famosa decisión de formar parte del "Trío de las Azores" y entrar en la guerra de Irak: "Yo nunca he oído a ningún musulmán pedirme a mí disculpas por haber conquistado España y por haber mantenido su presencia en España durante ocho siglos". Estas declaraciones, que entran de lleno en lo más rancio del discurso nacional-católico, continúan la tradición histórica de considerar España como un país eminentemente cristiano, que hundiría sus raíces en ese pequeño núcleo montañés asturiano, que en el siglo VIII ya parecía disponer de la bola de cristal que les guiaría al destino manifiesto de crear la gran nación que nacería ocho siglos después. Esto no sólo dejaría fuera de la idea de España a los musulmanes de Ál-Ándalus (olvidados durante largo tiempo de los estudios históricos), sino también al resto de Estados peninsulares ajenos a Castilla, considerada heredera de la tradición monárquica asturiana e impulsora de la empresa conquistadora y colonizadora americana. De este modo, esa conquista se consideró un "deber" misional, que  justificó la destrucción de todas esas gentes "ajenas a Dios", tal y como lo eran también los musulmanes y los judíos previos a su expulsión también en 1492. ¿Otro motivo de orgullo?


Lo cierto es que esta mentalidad imperial sigue dominando ahora la cuestión sobre Cataluña. Al igual que se invadieron las colonias, hay que someter a los díscolos que se atreven a discutir la unidad nacional. En vez de entrar en la forma de entender mejor la estructura o el entramado de la diversidad plurinacional. En vez de abrir un debate serio sobre la reforma del Estado-nación centralista, y lograr una mejora en las relaciones entre los pueblos del Estado español, avanzando en el federalismo, se envía a las fuerzas del orden sin pudor para reprimir del mismo modo en que el gobierno del viejo Cánovas hizo con los cubanos que clamaban por un cambio en sus relaciones con España. Y como entonces, el autoritarismo se impuso, hasta que un atisbo de razón produjo el milagro de un estatuto de autonomía, que desgraciadamente llegó tarde, y la guerra de 1898 determinó el curso de los acontecimientos. No estaría de más que las lecciones de la Historia sirviesen de algo. Pero parece que los ecos del franquismo y su nostalgia imperial resuenan más que las advertencias de Joaquín Costa y los regeneracionistas de hace cien años. Es responsabilidad de las nuevas generaciones acabar con ese discurso arcaico y crear un nuevo paisaje político, con una nueva idea de país, ajena a los anclajes del nacionalismo militarista, liberal, centralista (y católico), heredado de la construcción burguesa del siglo XIX.

sábado, 14 de octubre de 2017

OCTUBRE TRANS: LA CHICA DANESA. Un estudio de Graciela Reid.


 
 
Cada uno tenía su pasado encerrado dentro de sí mismo,

como las hojas de un libro aprendido por ellos de memoria;

 y sus amigos podían sólo leer el título.

V. Woolf

 

          La película “La Chica Danesa” (Hooper, 2015) basa su guión en la novela de David Ebershoff y narra, de manera ficcional, la historia de Einer Morgens Wegener y su esposa Gerda Marie Fredrikke Gottlieb en Dinamarca a principios del siglo XX. Tanto Einar (Eddie Redmayne) y Gerda (Alicia Vikander) eran jóvenes pintores y para nuestra hipótesis (la fluidez de los devenires sexuales y de géneros) resulta importante mencionar el siguiente suceso: un día la modelo vivo de Gerda se ausenta y Einar decide posar para ella vestido de mujer. Gerda lo pinta por primera vez y lo/a llama Lili, comenzando juntos —como pareja— el proceso de mutación de Einar a Lili Elbe.

En este devenir «Lili» podemos decir que los retratos de Gerda fueron fundamentales ya que contenían un profundo valor simbólico de lo femenino, un señuelo que operaba como fuente del deseo, de una identidad latente a punto de ser develada. En la narración escénica, la intimidad de los personajes es captada en planos sutiles, de fuerte estética y lentitud rítmica que acompaña un adentro-fuera de ellos y entre ellos, lo público y privado, el arte y cultura de las corrientes vanguardistas del periodo de entreguerras (1920-1939) que invitaban a romper con las reglas del pasado donde ellas se situaban.

 

Arte, Cuerpo y Deseo

En el contexto mencionado, Gerda y Einar/Lili deciden migrar a París y es ahí donde Gerda fue reconocida como pintora e ilustradora en la gran escena del arte ilustrando, entre otros, para Vogue y para el libro Doce Sonetos Lascivos, una serie de doce acuarelas de contenido erótico y lésbico de Perceau Louis en 1925, cosechando éxitos y reconocimiento dentro del movimiento Art decó.

 

Einar, por su parte, en su devenir Lili, dejó de pintar una ciénaga —reiterada en su obra como un mantra—, abandonó los paisajes nevados del Fiordo de Vejle, las pinturas simétricas y especulares que caracterizaban sus trabajos, ¿fue esto una alegoría de su devenir? Gerda, en una escena de la película le señala al (entonces) Einar: «De tanto pintar la ciénaga te perderás ella», a lo que entonces él respondió: «No voy a desaparecer en la ciénaga… la llevo dentro de mí». ¿En la simetría de las pinturas de Einar se encontraba el gesto que expresaba a través del lienzo la búsqueda y aspiración de vivir acorde a su deseo e identidad? el encuentro posible, o el mejor de todos, es con uno mismo.

 

Cuerpo, género y diversidad

Según los escritos de la época, y así se le sigue reconociendo en la actualidad, Einar se convierte en la primera mujer transexual en realizarse una cirugía de reasignación de sexo (1930) acompañada en su inicio por Gerda y el doctor Magnus Hirschfeld, médico y sexólogo alemán y defensor de los derechos de los homosexuales quien, junto al doctor Kurt Warnekros, realizaron las cirugías, la primera en la Clínica Municipal para Mujeres de Dresden, dándole carnadura a Lili, después de la decisión de Einar de adaptar el sexo biológico a la identidad de género femenina. En la década del ´30 esta realidad de desmarcarse del binomio hombre-mujer no tenía ni nombre ni visibilidad, así como el procedimiento quirúrgico. Será recién en la década del ´50 cuando se instala la denominación “transgender” lo que implicó proporcionar un lugar a aquellxs que “se sienten en otra dimensión diferente de la que abarca el binomio hombre-mujer” (Giberti, 2003) y con ello se dio visibilidad y abrió otras perspectivas en el campo de investigación sobre estas experiencias de vida.

Durante el film, podemos seguir el proceso de transición de la protagonista en su intento de adecuar su percepción y sentimientos de sentirse mujer, las secuencias muestran distintos momentos de Lili expresando y modificando sus gestos —imitando mujeres de un prostíbulo de Paris, la ropa que lleva, el cabello, el maquillaje— juego de espejos que hace vacilar su estado y se profundiza en el encuentro con la imagen que el espejo le devuelve anunciando el levantamiento de lo silenciado, el final de un letargo que ya no tiene vuelta atrás. En una escena, Einar recuerda que siendo niñx se sentía distintx, de la experiencia vivida con su amigo Hans —que lx besó porque «él era tan guapo»— emerge la ambigüedad primaria volviéndose una afirmación serena de su transexualidad asumida en la adultez. En ese tiempo no había ni lugar ni teorías para pensar las infancias trans. Tal como se señaló más arriba, Tajer (2017) en su artículo apela al desafío ético de asumir «una clínica post-closet» ya que lo que no aparecía antes —como en la historia de Einar— hoy se revelan más tempranamente, hecho que sacude las teorías y visibiliza lo que siempre existió, pero que no fue posible de ser vivido abiertamente ni teorizado en los laberintos de sus complejidades.

 

Identidades sexuales fluidas


Freud postula, en principio, las distintas posiciones psíquicas entre los sexos apuntalada sobre las diferencias anatómicas de los cuerpos (Freud, 1925) hecho que lleva a problematizar lo femenino y lo masculino desde presencia/ausencia, fálico/castrado desde la teoría de la castración que ubica la diferencia partiendo de un único atributo —el masculino— estableciendo puntos de partida —junto con la teoría del Edipo— fundantes del psicoanálisis. Si en los primeros momentos Freud sustenta el destino es la anatomía, hoy podemos contar con modelos de simbolización más flexibles, múltiples y plurales que exceden la proposición de dos géneros. Además de lo estrictamente simbólico, también es posible concretarlo en el cuerpo a partir de las intervenciones quirúrgicas como nunca antes en la historia. Freud piensa y desarrolla su enfoque desde la lógica binaria, lo cual es perfectamente acorde con la época. Para poder pensar por fuera de lo binario se necesita hacerlo desmarcándolo de las polaridades opuestas que aún subsisten al interior de las teorías psicológicas. Históricamente, las diferentes maneras de habitar los cuerpos sexuados; sus significaciones conscientes e inconscientes, culturales y sociales aportan datos sobre la construcción política de la corporalidad, es decir, tanto en el uso y aprovechamiento, como en el control y disciplinamiento de los cuerpos en el marco de la producción y reproducción de dispositivos biopolíticos de poder (Fernández, 2013). Es Foucault quien formula los conceptos de biopoder y biopolítica en Historia de la Sexualidad y pone especial énfasis en la sexualidad como dispositivo, describe allí las técnicas de-sujeción y de normalización de los sujetxs de la modernidad cuyo destino primordial recae en los cuerpos a través de la salud, la sexualidad, la raza, la etnia y modos de relacionarse y de circular en las instituciones sociales que definirán los perfiles de lo normal y lo anormal, de la enfermedad y la salud en los discursos y en las prácticas para cada contexto histórico.

 

Más allá de los dualismos

En la secuencia del film, Lili toma la decisión de consultar para transformar su cuerpo —que lleva la marca del sexo anatómico— para adecuarlo a su experiencia de sentirse y vivirse como mujer. Es importante hacer la diferencia entre identidad de género de orientación sexual, la identidad es como se siente y vive dentro de uno u otro sexo (quien soy) y la orientación sexual es la atracción hacia uno u otro sexo, (quien me gusta). Estas diferencias son una referencia al momento de pensar los saberes biomédicos y las disciplinas «psi» tanto para la psiquiatría como las corrientes psicoanalíticas (que nos interesa para este artículo) ya que no escapan a los discursos de época, por ello Lili pasará por muchas situaciones de prejuicios y violencia social, siendo «objeto» y no «sujeto» con diagnóstico de psicosis para la psiquiatría y para la medicina intervencionista —en un periodo de experimentación— los saberes y poderes recaerá sobre el cuerpo a «normalizar». Desde un análisis posible sobre lo que la película dispara a cada espectador/ra, nos preguntamos ¿Radica allí —en los prejuicios y el malestar propio de la disidencia heteronormativa— el conflicto y el deseo de Lili de adaptar su cuerpo a su identidad genérica? ¿Qué lx llevx a exponerse a cinco cirugías —no dos como plantea la película— entre las de re-asignación de sexo y la del implante de un útero con la «promesa científica» de poder ser madre?, cuando esta última la llevó a la muerte cerca de los 50 años. Solo podemos inferir y analizar para la clínica contemporánea, qué dudas, conflictos y sufrimientos pueden aparecen frente a la opción de adaptar los cuerpos al género auto-percibido en lxs sujetxs trans que así lo desean y, cuáles son las herramientas conceptuales para el abordaje en el campo psi.

 

Cuerpos disidentes en el psicoanálisis actual

Concibiendo que el cuerpo es siempre sexuado, lo que se disloca es el sexo socialmente asignado, entendiendo asignado como aquello que viene del otro en el proceso de constitución subjetiva como lo plantea Laplanche (2006), del género asumido en la población trans. Siendo el género una construcción social y el sexo un dato de la anátomo-biología, el tema está, por una parte, centrado en los debates éticos sobre las prácticas ya que no tenemos mucha casuística sobre los efectos de esas decisiones que no solo implican la transformación del cuerpo (hormonal y quirúrgicamente) sino los efectos psíquicos y emocionales que produce la mirada social sobre lxs sujetxs de las identidades disidentes. Por ello habrá que plantearse la pregunta como lo hace en su artículo Vendrell Ferré (2009): ¿Hay que cambiar los cuerpos o habrá que cambiar la heterónoma binaria? —rosa o celeste— donde lo transexual, transgénero o intersexual, etcétera, pueda ser una alternativa como cualquier otra de vivir y amar en esta época.

Es en ese acontecer, desde la experiencia de Lili de vivir acorde a su deseo e identidad de género adviene un cuerpo femenino ¿que la llevó en aquellos años a «normativizar» su cuerpo para hacer coincidir sexo anatómico y género? ¿Lo normativo cualifica el cuerpo? ¿Impera la necesidad de adecuar el sexo al género para ser mujer trans siempre y por qué? Pensemos que en «aquellos años» no había ni movimientos trans, al contrario, era uniformemente patologizado, ni visibilidad política, ni nada de todo esto que quizás habilitaría a alguna de estas preguntas. Pero situando la temporalidad donde se desarrolla podemos convenir que la supuesta «normalidad binaria» es sostenida y se fundamenta sobre la diferencia sexual anatómica, sobre esas diferencias se cristaliza y se ordena el deseo inconsciente, la sexuación y la identidad genérica de modo singular en el cuerpo y subjetividad de cada sujetx. Por lo tanto si tomamos el «sistema sexo/género/deseo/prácticas sexuales» según Butler (citado por Porchat, 2013) observamos que los distintos componentes del sistema se pueden expresar en múltiples combinaciones en lxs sujetxs, es decir, que sobre la «materialidad de los cuerpos sexuados, no hay una relación de coherencia entre el sexo anatómico, el género, el deseo y la práctica sexual» establecido naturalmente. Por ello, Butler denomina sujetxs abyectos a los que rompen con el statu quo escapando del mito de la heteronormatividad del orden sexual moderno. Las múltiples posibilidades de enlaces producen especificidades en juego de identificaciones primarias y secundarias, procesos conscientes e inconscientes de cada sujetx y los enigmas de la sexualidad de la vida humana. Volver a la epistemología freudiana, tomándola como «identidad» —ya que hablamos de identidad en este artículo— como lo desarrolla Assoun (2001), nos brinda desde la producción teórica y desde la clínica, la posibilidad de replantearnos los conceptos y escuchar los modos actuales del malestar y sufrimiento humano, para que —dichos conceptos— sean garantes éticos de nuestra práctica psicoanalítica, haciendo de la teoría una fuente inspiradora y abierta a nuevas hipótesis de trabajo.

 

Derechos Humanos en el contexto actual

En pos de la complejidad que conlleva pensar estos temas, es importante decir que en el campo de los Derechos Humanos la Ley de Identidad de Género en la Argentina es pionera ya que permite a las personas trans cambiar su documento de identidad sin tener que pasar por la certificación médica y psiquiátrica. Recientemente, también la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la Asociación Psiquiátrica Americana (APA) han modificado las categorías dentro de los manuales de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) y del Manual Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-V, desestimando la aparición del llamado «trastorno de identidad de género» que atribuía un hipotético desorden mental a las personas transgénero y transexuales, cambiándolos por el de «Disforia de Género». Aun así, sigue siendo tema de discusión para lxs activistas de LGTBI (lesbianas, gays, bisexuales y las personas transgénero e intersexuales) y en muchos países, aún prevalece la necesidad de un «diagnóstico de manual» para el acceso a los derechos (a la salud integral, el cupo laboral o matrimonio igualitario) para poder adaptarse o asimilarse al mundo heterosexual, Vendrell Ferré (2009). Si bien las leyes tienden a atenuar «la humana capacidad de discriminación» Giberti (2003) aun así, debemos tener en cuenta que uno de los efectos que comporta mayor sufrimiento son «los efectos del dispositivo biopolítico de vivir en el closet que generan durante el proceso de subjetivación angustias, depresiones y ansiedades específicas» por vivir en silencio y en el oscurantismo de las identidades disidentes, y esto se desarrolla «por temor a padecer ese plus de sufrimiento por la incomprensión y discriminación» (Tajer, 2017) que la cultura dominante impone. Lo que nos remite a la tensión y presión que estas personas sufren y el sufrimiento de aquellos que lxs rodean y quieren evitarles y evitarse el dolor que pre-suponen desaparecerá al adecuar la subjetividad a uno de los dos géneros culturalmente aceptados como posibles y normales.

 

Hacia una salida del laberinto de los dualismos

La decisión de tomar el film como disparador es porque las artes visuales, el cine y la literatura nos remiten a múltiples ficciones de la vida y del malestar en la cultura. La Chica Danesa nos transfiere las experiencias vitales de un hecho real, dentro de escenarios ficcionales, la posibilidad de abrir debates en nuestro campo del psicoanálisis, género y subjetividad.
Trabajar y compartir nuestras intervenciones clínicas, dar lugar a los interrogantes que se nos presentan, tener espacios de formación que nos acerquen a conceptos y herramientas críticas «pospatriarcales» y «posheteronormativas» (Tajer, 2012) es el propósito de este escrito. En las fronteras del conocimiento-desconocimiento transitar los enigmas y trayectorias deseantes, eróticas y amatorias que las subjetividades genéricas originan en búsqueda de las ficciones del amor.

APOYO MARICA: LA ADOLESCENCIA Y LA SENSIBLIDAD CAMP según David M. Halperin






El género discursivo modela la sensibilidad de la gente joven desde sus primeros encuentros con otras personas, desde sus primeras experiencias de vida social y, así, conforma su subjetividad. La mayoría de los niños crece en entornos heterosexuales, donde se les presentan géneros de discurso, sentimientos, expresión y comportamiento estándar (incluyendo convenciones de expresión emocional que las manifestaciones espontáneas de sus padres a menudo reflejan y reproducen). Incluso los niños criados por lesbianas o gais, están expuestos al principio, al menos, en cierto grado, a los géneros culturales y estilos de expresión mayoritarios.

El hecho de que en la cultura popular hoy en día se incluya normalmente personajes gais y (con mucha menor frecuencia) lesbianas en los elencos relevantes de algunas narrativas no altera el diseño genérico de dichas narraciones en sí (esto, es no cambia el que sean comedias o melodramas), así como tampoco altera la sensibilidad que trasmiten mediante las convenciones genéricas que todo adulto incorpora a sus interacciones con los demás.

En todo caso, las formas culturas mayoritarias son los únicos géneros que la mayoría de los niños conocen. Así que aquellos niños que adquieren una identidad sexual o de género o disidente han de forjar dicha identidad con relación a las formas culturales mayoritarias. Han de inventar relaciones “desviadas” con esas formas, o encontrar en ellas oportunidades, ocasiones o posibilidades de que den cabida a sensibilidades “queer” a través de la creación de sus propias relaciones (disidentes, anormales) con los productos culturales mayoritarios a los que se ven expuestos y mediante la identificación “camp” con aspectos “peculiares” de dichos productos que no son heteronormativos o se prestan a aprensiones o interpretaciones no hetero-normativas.
 
(Extraído de "Como ser Gay" de David M. Haperlin. Edit. Tirant de Humanidades)

viernes, 13 de octubre de 2017

TURING, NÚMEROS EN LA NOCHE


 
 
Por Eduardo Nabal
 
Como Cernuda escribiendo su poema “Birds in the night”, iracundo ante la placa que el Gobierno inglés dedicó a la memoria de Verlaine y Rimbaud (repudiados mientras vivían) dan ganas de vomitar sobre los fastos y recordatorios, actos de reparación cuando no de “perdón” (si "han leído bien" la monarquía y la Iglesia “lo perdonan") hacia la figura del padre de la moderna informática, de los ordenadores tal y como hoy los conocemos. Alan Turing, el joven estudioso que construyó una máquina inteligente para luchar contra los nazis y sentó las bases de la computación moderna siguiendo el tejido de Ada Lovelace (hija de Lord Byron) y llevándolo al terreno del binarismo, ceros+unos y la matemática computacional, fue en la Inglaterra de los años cincuenta condenado por su homosexualidad y prácticamente asesinado por el Gobierno inglés mediante la administración obligatoria de una cantidad indeterminada de estrógenos destinados a mitigar su impulso (homo) sexual lo que, presumiblemente, lo condujo a la depresión y el suicidio.


Si fue envenenamiento o sucidio ya es casi lo de menos pues el nombre de Turing como el de tantos otros ingleses de su generación fue sumido en el oprobio social y el ostracismo después de haber sido un héroe de guerra, un agente secreto cuyos conocimientos en informática se pusieron al servicio de la lucha contra el avance de las fuerzas hitlerianas, rompiendo y averiguando los códigos cifrados del enemigo. La patria de Oscar Wilde y de esa fascista universal llamada Isabel II fiel a sí misma no tuvo clemencia y nuevamente necesitó bastante tiempo para construirle un panteón entre los ídolos después de arrástralo sin piedad por las cloacas de la ignominia de la mano de su hipocresía victoriana y su sempiterna doble moral.

 

Pero la leyenda no acaba ahí y no queda claro el alcance de todo ello y por eso ha nacido la especulación y una abundante literatura en torno a esa manzana mordida que es hoy también el símbolo de Apple, a esos experimentos caseros que realizó Turing hasta el fin de sus días, a la posibilidad de un asesinato político, a la nefanda actuación de médicos, antiguos colegas, espías y policías, así como la misteriosa vinculación entre los binarismos computacionales y esos binarismos de género que con su disidencia sexual llegó a poner en cuestión, con o sin hormonas de por medio. Repugnantes los gestos de conmiseración, condolencia o beatificación de las altas instituciones inglesas que ahora “perdonan” a Turing sus flaquezas debido a su excepcional aportación a la historia y la evolución del conocimiento modernos; sin comentarios. Resulta curioso porque cuando yo estudiaba bachillerato la informática todavía era cosa de los machos más listos de la clase, nadie enseñaba que sus padres “espirituales” fueron una mujer poco convencional y un gay represaliado. Nadie pensaba que los inventores de una máquina tan aplicada y sumisa tuvieran una vida tan azarosa y pudieran tener un sueño turbado.