miércoles, 13 de diciembre de 2017

LUCHA POLÍTICA, HOMONACIONALISMO E IZQUIERDA CEGATA



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El hecho de que en la práctica  en la Manifestación Oficial de Madrid haya estado presente por la puerta grande Israel con su Pinkwashing nos pone frente a dilemas que deberían plantearse de otra forma dentro del seno de la comunidad LGTBQ o en lo que queda de ella en el estado español, y también fuera de ella. Se ha simplificado mucho desde todos los frentes. Desde el internacionalismo se ha tendido a mencionar solo a las organizaciones por los derechos LGTB (sin tener en cuenta los muchos matices que abarcan estas siglas) para atacar políticas imperialistas sin interesarse realmente por cuáles son sus campañas, objetivos y dificultades dentro de sus objetivos y sin luchar en sus entornos locales (los que se organizan aquí ahora y contracorriente institucional)  por esos mismos derechos ni por activa ni por pasiva. Por otro lado, coincido con mucha gente inmigrante en que la población LGTB en España y, sobre todo en grandes barrios como Chueca o el Gaixample está (estamos) llena de prejuicios homonacionalistas y que tendemos a juzgar a otras culturas con parámetros occidentales y eurocéntricos. Pero se simplifica desde ambos campos. Desde un movimiento gay cada vez más consumista, legalista y burgués y desde un izquierdismo, que salvo notables excepciones, tiende a un fundamentalismo que puede llevarles a las anteojeras de, por ejemplo, no distinguir los matices entre marchar con Pablo Iglesias o Cristina Cifuentes, pero esa ya es otra historia o a hacer de la lucha LGTB algo superfluo, de mínimos o poco político. A utilizarlo al fin y al cabo como arma de guerra tal y como ellos critican que lo utilizan otros países. Mi fascinación, exclusivamente cinematográfica, por algunas películas de nacionalidad israelí o realizadas por israelís de izquierdas que abordan  tema gay (como las de Eytan Fox, Gal Uchovsky, Eran Kirilis   o Amos Gitai) o de grupos ya en el otro lado del conflicto como la banda de pop-rock  libanés "Mashrou Leila" (claramente opositor a cualquier conexión con cercana o lejana  Israel). No nos cabe duda de que la presencia en el World Pride madrileño del cantante Israelí Ivri Lider (por otro lado desertor del ejército) es un acto de "Pinkwashing" (lavado de cara rosa o “lavarosa”) para atenuar el daño internacional a la imagen de su país por las guerras, ocupaciones y crímenes de guerra y el apoyo del Imperialismo internacional.

 

La izquierda europea, después de su vergonzosa empatía de género con alguien como Trump, para caricaturizar la “mala uva” internacional de Hilton u Obama, ahora (en ciertos “círculos”) guarda silencio sobre el efecto devastador de la tropelía de nombrar Jerusalén como capital de Israel, como guarda silencio devastador sobre algunas las chapuzas de Maduro en Venezuela por haber apoyado el bolivarismo con el fetichismo cegato y de resabios cristianos de siempre.  Así los conflictos siempre son lejos y se olvidan las miles de batallas que se libran hoy en el estado español y que también en países colonizadores existen multitud de capas pobres y de excluidos, como el negocio de las prisiones en EEUU que denuncia Angela Davis en “La libertad es una batalla constante” (Capitan Swing). Proud Lebanon ha surgido en un entorno legalmente restrictivo gay los derechos LGTB, además amenazado por las guerras civiles y por la invasión sionista. Del Líbano han surgido voces nuevas desde la que vemos un tipo de costumbres que creemos nuestras que son distintas o entendidas de forma creada por sus propios países. Así como debe ser el feminismo marroquí y no las “Femen” de Francia las que liberen los símbolos y los gays chechenos los que alcen su voz, aunque realmente nosotros podamos prestarles ayuda mediática.
 

miércoles, 6 de diciembre de 2017

MORALISMOS, MEDICINA PREVENTIVA Y LUCHA CONTRA EL SIDA



 
 
 


Desde el principio el VIH y el SIDA fueron cuestiones políticas. La película recién estrenada “120 pulsaciones por minuto” de Robin Campillo nos recuerda la historia de Act-Up París y su trayectoria de lucha. No está mal refrescar la memoria de nuestras genealogías, ya que sin grupos es posible que el activismo “queer” o lo que queda de él nunca hubiera sido posible, reinventándose, trans-formándose.

 

Hoy día parece haberse desvanecido la idea de “los grupos de riesgo” aunque la “enfermedad social” del prejuicio y el estigma sigue llevando a la armarización de las personas seropositivas como “peligros potenciales”. Cuestiones como el racismo, la homofobia, la aporofobia (odio  a la pobreza), el “pánico moral” siguen surgiendo tras determinados gestos que aumentan en según qué ámbitos.

 

Hoy día la esperanza de vida parece haberse aumentado aunque los recortes también han aumentado la diferencia entre los enfermos con posibilidades y los que tienen menos acceso a los recursos, entre la población migrante y la autóctona, entre la diversa y la uniforme. Pero la industria farmacéutica no parece detenerse en ningún lado y ha surgido la polémica sobre la “Profilaxis Pre-Exposición” también conocida como PrEP. Esta suerte de “condón químico” se emplea como medida de prevención y parece haberse popularizado, aunque su fama es mayor que su uso, todavía en el ámbito español.

 

No obstante, la labor preventiva realizada va orientada hacia los cuidados personales y mutuos, hacia la lucha contra la ignorancia y el conocimiento de cuáles son las prácticas que conllevan riesgo y cuáles no.

viernes, 1 de diciembre de 2017

PALABRA EN LIBERTAD. RECUERDO DE SEVERO SADUY por Javier Valenzuela


 
 
 
EL ESCRITOR CUBANO SEVERO SARDUY MUERE EN SU EXILIO PARISIENSE

 

Por Javier Valenzuela (El País)

 

 

Sarduy, autor de una obra barroca en la que abundan metáforas e imágenes de gran atrevimiento, estaba instalado desde hacía muchos años en Francia, país en el que decía haber "enraizado". Francia le había dado en 1972 el premio Médicis por Cobra. "El lenguaje, la voluntad de darle sentido a las cosas a través de las palabras, es lo que nos hace humanos", decía Sarduy. "Los dos polos de la literatura", añadía, "son el deseo y la muerte". Y precisaba: "Cuando escribo, camino, salto, bailo. Un escritor moderno escribe más con su cuerpo que con su cabeza".

 

Nacido en 1937 en la ciudad cubana de Camagüey, Sarduy comenzó publicando poemas en periódicos locales. Tras la revolución castrista, colaboró en las páginas literarias del semanario Lunes de la Revolución, pero el castrismo no era verdaderamente su vocación y Sarduy se las ingenió para conseguir una beca para la Escuela del Louvre. Llegó a París a los 23 años.

 

Al tiempo que seguía estudios artísticos en el Louvre, Sarduy participó en los seminarios del lingüista Roland Barthes. Allí se convirtió al estructuralismo. El cubano se incorporó al grupo estructuralista organizado en torno a la revista “Tel Quel”

 

En la segunda mitad de los años sesenta, Sarduy comenzó a publicar novelas en la editorial Seuil. La obra que le reveló fue Cobra, en la que mezcló la mística budista con un estilo barroco de indudable cepa sudamericana. Tras expresar su concepción de vida y la literatura en el libro de ensayos Barroco, Sarduy escribió Maitreya, en el que evolucionaba del Tíbet a Miami, y Colibrí, cuyo decorado era un burdel caribeño para homosexuales. Su última novela, Para que nadie sepa que tengo miedo, es un juego de máscaras que data de 1991.

 

En De dónde son los cantantes, Sarduy entremezcló muchos niveles distintos de lenguaje: la tradición oral con los manierismos de lo escrito, lo culto con lo popular, los fragmentos clásicos con los entresacados de la Prensa sensacionalista, las sentencias de Juan de la Cruz con los mensajes publicitarios. Según Sarduy, en ese libro se encuentra la explicación de la verdadera naturaleza de Cuba, un país formado a partir de la síntesis de tres culturas: la china, la negra y la blanca.

 

Para Ana María Barrenechea, especialista en Sarduy, De dónde son los cantantes convierte a Cuba en "metáfora del mundo, un mundo vacío a fuerza de abarrotado, en el que los dioses se han ido dejándonos dos realidades: el lenguaje y la muerte". En 1991, Gallimard encargó a Sarduy el relanzamiento de La Croix du Sud, la famosa colección especializada en literatura iberoamericana creada por Roger Caillois. Hasta el final, el escritor cubano asumió esa tarea con su maravilloso buen humor.

 

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de junio de 1993

martes, 28 de noviembre de 2017

MORO Y QUEER: IDENTIDADES EN TRÁNSITO



 

 




 


Identidades racializadas: Kahil, nacido en Marruecos nos habló en Madrid en el Centro Social Autogestionado “La Kúpula” de su experiencia, su trayectoria y también de cuerpo atravesado por espacios y opresiones interseccionales. Desde su posición como árabe en una familia a la vez conservadora y perteneciente al área “modernizadora” de la zona hasta su llegada a España pasando por Francia y EEUU. Nos habló de las dificultades de afrontar la homofobia familiar y también de su interiorización del racismo ambiental en el "apartheid" no solo en su propio país sino, de forma particular, en el internado francés donde estudió. Viajó al corazón de Nueva York donde conoció a personas de distintas razas y también gente de identidades sexuales no binarias. Allí también fue consciente de la dificultad para “desear” a personas de su misma raza y del racismo institucional estadounidense. Algo que se invertiría al sufrir cierto racismo en lugares como Chueca y también de su evolución política y su toma de conciencia colonial que ahora siente como clave en su trayectoria pasada y presente.


 

Cuerpo, memoria, raza, lugares, queer. Todos estos elementos se entrecruzan de forma alternativamente violenta, creativa y saturada de afectos, en una persona que aprendió francés, árabe y se ha lanzado a contarnos en castellano su compleja trayectoria. Kahil nos habló de la homofobia en algunas zonas de su país pero, sobre todo, de la necesidad de que sea las propias personas marroquíes las que articulen sus propios discursos, poniendo también el ejemplo del feminismo blanco y colonial y sus efectos en su país de origen, así como del simplismo de algunos discursos de "la izquierda" tradicional sobre la raza o el homonacionalismo en Europa. Como las categorías modernas y occidentales muchas veces "universalizadoras" sobre la homosexualidad o el género no tienen en cuenta la complejidad de la experiencia y diversidad dentro de los pueblos y su amplio recorrido histórico denunciando el neocolonialismo epistemológico también en el estado español hacia las llamadas “comunidades árabes”. El pasaporte, la corporalidad, la raza, las comunidades universitarias conversadoras  y con tintes fascistoides en algunos países de occidentales que parecen haberse apropiado del  término queer en ocasiones de forma racista y despolitizada. También nos habló de como "el exilio a las grandes ciudades" le sirvió en su camino de autoaceptación y lucha, en su toma de conciencia de la interseccionalidad de las opresiones (sexuales, raciales, de género, fronteras que se abren y se cierran como espacios de bloqueo y posibilidad…) y en su estancia final en el estado español con su renovada forma de mirar el mundo. Uno concede a Kahil el derecho a la palabra y su subjetividad sobre el homonacionalismo colonial, como a gente de la talla de Brigitte Vasallo. No así en el caso de algunos internacionalistas de provincias que no han abandonando el machismo de provincias y ya están hablando de los derechos LGTB en lugares lejanos del mundo.
 

viernes, 24 de noviembre de 2017

LO NUESTRO SI QUE ES MUNDIAL de Ramon Martinez: Tejiendo Memoria









Para imaginar hay que tener memoria. También para luchar y avanzar. Esa es la conclusión del ensayo del joven autor, escritor y activista, Ramón Martínez. “Lo nuestro sí que es mundial” (Editorial Egales) es uno de los recorridos más completos y complejos al activismo LGTB+ (aunque el propio autor no se siente cómodo con esta sopa de letras, que parece haber desactivado muchas cosas) en el Estado Español desde los tiempos del pecado nefando condenado por el “perro puritano” hasta los días del World Pride y el Orgullo Indignado pasando por la derogación de la Ley de Peligrosidad Social, las polémicas en torno a las parejas o el matrimonio, las distintas líneas de combate, la intolerancia eclesiástica, la llegada del VIH, la lucha contra la violencia o la transfobia, los giros dentro del movimiento feminista o lésbico, la llegada del movimiento queer y un largo etc. El autor, cuya posición se nos escurre un poco desde un didactismo algo aséptico y neutral pero límpido, se entrevista con nombres clave en el activismo por estos lares como Jordi Petit, Eugeni Rodríguez, Carla Antonelli,  Mili Hernández, miembros destacados de EHGAM, del movimiento Lésbico de los ochenta y noventa, de nuevos y no tan nuevo colectivos para trazar un recorrido que el mismo reconoce incompleto pero bastante exhaustivo sobre los muchos frentes abiertos en las luchas por la diversidad sexual en el Estado Español, con nombres y apellidos y sin ellos. Martínez tiene claro que “son todos los que están” aunque “no están todos los que son”  y su proyecto sigue abierto pero “Lo nuestro sí que es mundial” (título sacado de una vieja pegatina del activismo de “La Radical Gai”) es un libro a la vez ameno y riguroso, lleno de recovecos, indagaciones, culto y escrito con inteligencia y precisión logrando una envidiable coherencia interna en su exposición de una historia de historias muchas veces tan expuesta a la paradoja. Un recorrido a la vez ameno y carente de simplismo por la memoria de una lucha que sigue viva como vivas son las líneas de “Lo nuestro sí que es mundial” un libro histórico que se lee como lo que es: la historia de una aventura colectiva, escrita con verdadera pasión. Con prólogo de Alberto Mira, otro memorialista de excepción, el libro de Martínez está dedicado a “los herman@s invisibles” y sin duda constituye (a pesar de sus descompensaciones, lagunas y huecos por llenar) un eje fundamental en esa memoria siempre fragmentaria que nos permite seguir avanzando con mayor lucidez y entusiasmo.

lunes, 20 de noviembre de 2017

GUERREROS Y TRAIDORES. Aalto ante el peligro

 
 
 
 
 


 La primera biografía del historiador Jorge Reverte, centrada en una figura poco conocida de la historia del siglo XX, es, como toda su obra, un libro riguroso, documentado y de estremecedora sinceridad. La narración se sitúa en su mayor parte en la contienda española, como siempre en los libros de Reverte, visto del lado de los perdedores, con una furia antifascista y belleza incontestables. Esos perdedores que aún buscan su página en la geografía de este país turbulento y maltratado. Famosos poetas que desfilaron por allí como W.H. Auden ponen la nota de contraste a los soldados anónimos o a los muchos voluntarios (periodistas, escritores, sindicalistas, obreros, cronistas) que fueron a una guerra que no interesó en exceso, y salvo nobles excepciones, a los llamados “aliados” o “fuerzas democráticas, y que supuso una larga dictadura que, en cierto sentido, nunca ha acabado de terminar, como hemos podido comprobar recientemente. Pero “Guerreros y traidores” inspirada en la vida de William Aalto tiene una segunda parte que se desarrolla, sobre todo, en EEUU donde algunos de esos hombres y mujeres (Alvah Bessie, Lilian Hellman, Dalton Trumbo-Johnny cogió su fusil- y el propio Aalto, todos ellos escritores en ciernes aunque de diferentes estilos y logros y  curtidos en el mundo del periodismo ) deben enfrentarse de diferentes formas a la caza de brujas desatada por el siniestro senador McCarthy y al espionaje del FBI orquestado por el siniestro Hoover.

La homosexualidad tapada (aunque él no la oculto casi nunca, a pesar de los tiempos y la construcción heroica del guerrillero)  de Aalto y de algunos sus amigos y/o amantes le va a costar cara cuando incluso  sus “camaradas” de partido lo alejen de todos los frentes debido a su amor a los muchachos y los hombres y su negativa a encerrarse en el armario de la época, un armario lleno de rojos y gente LGTB que empezaba a asomar en medio de una "guerra fría" que helo a una generación entera . Que las divisiones internas en la izquierda española siempre han favorecido al fascismo neoliberal es algo que volvemos a ver estos días pero Reverte se atreve a hablar con sinceridad de la asignatura pendiente de muchos espectros sociopolíticos, también los de izquierdas, unidas o por separado. 


 El protagonista del valiente libro de Jorge M. Reverte estuvo acompañado en su guerra contra el imparable avance del  fascismo en España, que era un experimento sobre el poder de la dictadura pero estuvo más bien solo en su batalla contra los fascistas de la postguerra, porque estaba en las listas negras aunque no era conocido y respetado en su profesión de columnista y literato todavía comprometido con los ideales comunistas por los que se dejó la piel en España. Aalto, de carácter irascible, difícil y temperamental, intentará brillar como escritor haciendo poesía revolucionaria pero solo será una sombra con la ocasional ayuda y protección de su viejo amigo Auden, autor del mítico y desgarrado poema “Spain” (ya emblemático en la cultura mundial sobre la guerra y sobre el estado español).

El rechazo de los “comunistas puros” hacia la entonces llamada "desviación burguesa", “degeneración ideológica” o “flaqueza espiritual” de Aalto lo empujan aún más al ostracismo, el refugio en el alcohol y las juergas o reyertas callejeras que no siempre acababan felizmente aunque el origen fuera el buscar compañía masculina en un “tiempo maldito”, como diría el realizador Javi Larrauri. Un libro imprescindible para aquellos que, de verdad quieren rescatar la memoria histórica (con mayúsculas pero también con "minúsculas"), algunos trapos sucios, heridas o cicatrices, abrir fosas  y, sobre todo, tener en cuenta sus muchos daños colaterales para una reflexión sincera y profunda y con vistas a una renovación del imaginario machista todavía vigente en un sector de la izquierda por estos lares. Aalto va a morir de leucemia, solo en un hospital público, ya con muy poca gente a su lado, con más enemigos que amigos, aunque con una trayectoria tan dura como apasionante desde el punto de vista personal e histórico. A este respecto me limito a citar las palabras finales de este importante y ameno libro de Reverte que a pesar de su solidez y lúdica agilidad de los personajes y las situaciones -revividas con tesón-deja una sensación de amargura, desolación, ironía, desencanto   y  una seca  tristeza

“Schuyler, su gran amor, su primer amante, no ha sido capaz de ir verlo mientras agonizaba, porque no soporta la visión del dolor. Bill, en todo caso, tuvo su momento, cuando era un chico encantador, y no la versión salvaje de Rodolfo Valentino en que se convirtió. Schuyler sueña a menudo con él, pero con el Bill que era antes de convertirse en una figura de terror ¡Cuidado con los finlandeses, se vuelven asesinos cuando beben! Ha sido enterrado en la sección Y del cementerio, en una tumba con el número  2655.”

"Como un guerrero. Aunque no estuvieran allí los camaradas de España.  Los que lucharon junto a él. Tan solo un par de sus amigos maricones"

domingo, 19 de noviembre de 2017

ENTREVISTA A PABLO PEREZ NAVARRO

 
 
 
 
 
 
 

 

Por Ascensión Marcelino Díaz




Pablo Pérez Navarro es Licenciado en filosofía por la Universidad de Granada y doctor en filosofía por la Universidad de La Laguna. Autor de Del texto al sexo. Judith Butler y la performatividad, publicado por la editorial Egales en 2008, libro en el que realiza una lectura de la filósofa norteamericana desde la perspectiva de la filosofía del lenguaje. También ha participado en obras colectivas de filosofía, estudios de género y teorías queer como Teoría queer. Políticas bolleras, maricas, trans, mestizas (Egales, 2005), Judith Butler en disputa. Lecturas sobre la performatividad (Egales, 2012), Conjunciones. Derrida y compañía (Dykinson, 2007) o Éticas y políticas de la alteridad (Plaza y Valdés, 2015). En la actualidad Pérez Navarro es investigador posdoctoral en la Universidad de Coímbra en Portugal, en donde participa en un proyecto de investigación llamado INTIMATE, que estudia la ciudadanía íntima de personas LGBTQ en Europa del Sur con la finalidad de visibilizar la diversidad sexual, afectiva y relacional tanto en la academia como fuera de ella.

 

P. ¿Dónde naciste?

R. En Barcelona. Pasé mis primeros tres años de vida allí, en un barrio de San Cugat del Vallés llamado La Floresta. Después mis padres se trasladaron, y a mí con ellos, a La Laguna, en Tenerife.

 

P. ¿Por qué decidiste estudiar filosofía?

R. Fue una decisión tardía. Aunque siempre se me dieron bien las letras, me encaminaba hacia las ciencias puras. Estudiaba física cuando entré en una crisis vocacional. Sentí la necesidad de reorientarme hacia algo que me pusiera en contacto con la realidad social y pensé que lo podía encontrar en la filosofía.

 

P. Tu carrera universitaria la realizaste en Granada pero tu doctorado en Canarias, en la Universidad de La Laguna. ¿Qué te impulsó a ello?


R. La Universidad de La Laguna ya la conocía, dado que cursé allí el primer ciclo. Cuando me licencié, tras un año de beca Séneca en la Complutense de Madrid, estaba decidido a escribir una tesis sobre Richard Rorty. Aunque no llegó a ser profesor mío durante la carrera, mi principal referencia sobre ese autor era Gabriel Bello Reguera, catedrático de filosofía moral de la Universidad de La Laguna. Además, La Laguna tenía la ventaja de que podía contar con la casa de mis padres para vivir, cosa que hubiera sido crucial de no haber conseguido la beca para la realización de la tesis.

 

P. ¿Hubo personas que puedan considerarse tus mentores? ¿Quiénes te apoyaron?

R. No usaría la palabra mentores pero a Gabriel Bello, mi director de tesis, le estoy enormemente agradecido. Primero por animarme a centrar mi tesis en Judith Butler, una autora que no era aún (en España) ni tan leída ni tan reconocida como ahora. Segundo, por la enorme libertad que me dejó para desarrollar la investigación. Por otro lado, Paco Vidarte fue también para mí un gran estímulo intelectual y una gran influencia, además de amigo. Su curso sobre teoría queer me marcó en muchos sentidos. Tras asistir como alumno, me invitó a impartir una sesión en la segunda edición, además de a participar en el libro Teoría queer, políticas maricas, bolleras, trans, mestizas. Su forma de recibir mi trabajo representó, para mí, el primer momento en que sentí la confianza de que lo que yo pudiera tener que decir podría, quizá, interesarle a alguien más.

 

P. Actualmente estás en la Universidad de Coimbra como investigador posdoctoral. ¿Podrías hablarme de la universidad, de las dificultades o facilidades que encuentras/encontraste para realizar tu trabajo?


R. Dificultades es la palabra qué destacaría de tu pregunta. Siento que he podido formarme a lo largo de bastantes años gracias a becas, lo que representa una inversión colectiva en mi formación. Al desmantelamiento neoliberal de las humanidades hay que sumarle la endogamia de los concursos públicos de plazas de profesorado universitario que es, literalmente, de juzgado de guardia. Lo que deberían ser convocatorias abiertas son por lo general oportunidades prediseñadas ad hoc para personas concretas con vínculos muy estrechos con las personas encargadas de convocar las plazas. Por ejemplo, se puede pedir un docente para una asignatura de carácter no específico, del tipo Filosofía contemporánea, y pedir que sea especialista en los autores X, Y y Z sin justificación alguna, simplemente porque la persona “de la casa” tiene publicaciones sobre la improbable combinación de X, Y y Z. Además de perjudicar a la calidad docente, estas prácticas nos dejan prácticamente fuera del sistema a quienes carecemos de padrinxs. Máxime cuando los trabajos sobre teorías queer o estudios de género corren el riesgo de ser puntuados por los tribunales  de manera irrelevante.

 

P. Tu militancia en la Asamblea Transmaricabollo de Sol y en el 15M, ¿Qué ha supuesto para ti personal y profesionalmente?

 
R. El 15M me da, poco antes de un período entre dos becas postdoc, de paro, incertidumbre y trabajos basura, la oportunidad de sentirme, en un sentido muy tangible, parte de una colectividad de víctimas de un mismo régimen político-económico. Víctimas que, sin embargo, no nos resignamos a serlo sin presentar batalla. Me reposiciona políticamente en el mundo y me hace consciente de la necesidad de nuevos relatos colectivos desde los que hacer frente a la desoladora propaganda inhóspita y austericida que nos rodea. La Asamblea Transmaricabollo de Sol, más en concreto, me da la oportunidad de encontrarme con otras con quienes convertir mis, a veces, hiperminoritarios posicionamientos teórico-políticos en acción directa.

 

P. Hablas en la entrevista que te hicieron en el blog "Disidente", de la academia y del activismo, y me gustaría que me hablaras del tema, de si las relaciones entre ambas han mejorado o siguen estando igual.


R. Me siento tan distanciado de ciertos sectores del feminismo español y, en especial, del que ocupa los grandes espacios institucionales en la academia y fuera de ella, que incluso ignoro hasta qué punto son o no tan hostiles e impermeables como en el pasado a la obra de Butler o a los feminismos queer en general. Entiendo que, pese a las hostilidades, el reconocimiento y la influencia del pensamiento de Butler las obliga puntualmente a dialogar desde posiciones de aparente respeto intelectual, cuando preferirían poder haber seguido despreciando sin más las críticas lanzadas desde los feminismos queer al feminismo que ellas representan.

 En cualquier caso, pese al desinterés mutuo existente entre feminismos y formas de entender el papel social de la universidad irremediablemente distantes entre sí, existen zonas de fricción que nos obligan, cuanto menos, a cobrar conciencia de estas distancias. Las zonas en conflicto, esas en las que el encuentro es inevitable, varían a lo largo del tiempo (y del espacio) y me atrevo a decir que algo se ha avanzado desde los tiempos de las sex wars hasta hoy. A pocas teóricas se les ocurre argumentar, por ejemplo, en favor de la censura de la industria pornográfica, pese a que los argumentos que utilizan en relación a la abolición del trabajo sexual sean prácticamente los mismos, pues saben que resultaría anacrónico e intolerable en el clima político del presente.


De estas insalvables diferencias entre diferentes culturas feministas, me preocupan especialmente aquellas en las que el discurso hegemónico sostiene decisiones políticas y legislativas que condicionan la vida de amplios grupos de personas. Sobre todo cuando las condiciones de vida de quienes producen esos discursos no tienen nada que ver con las de aquellas sobre las que recaen sus consecuencias. El trabajo sexual o la gestación subrogada son, por poner dos ejemplos, dos áreas de este tipo, en las que el abolicionismo impide que se garanticen los derechos imprescindibles para mejorar significativamente la vida de muchas. Es en estas zonas de conflicto, en las que intersectar la producción académica y la labor activista donde me parece más importante invertir esfuerzos.

 

P. Tu libro  "Del texto al sexo", gira en torno a la figura de Judith Butler. Quisiera que me contaras cómo llegaste a ella, la primera vez que escuchaste hablar de Butler, cómo fue tu experiencia de lectura de sus libros, del ambiente que rodeaba a su recepción, dónde y a través de quién.


R. Fue muy personal, en el sentido de que fue totalmente fuera del ámbito académico. No sé cómo llegó Gender Trouble a mis manos, sólo recuerdo que fue en el último año de carrera. En un primer momento me sirvió para entender que Foucault y Derrida podían tener una relevancia política fundamental respecto a problemas políticos candentes de un modo que contrastaba enormemente con la visión respetuosa pero políticamente descorazonadora que Richard Rorty podía tener de ellos.

Por otro lado, en parte debido a las enormes carencias en materia de pensamiento feminista de los planes de estudio de Filosofía, Butler se convirtió en mi primera gran profesora de feminismo. En cierto modo, supongo que con ella me lancé a la un tanto paradójica tarea de aprender a un tiempo teoría queer e historia del pensamiento feminista.

 

P. Me gustaría conocer tu opinión, tu visión personal de quién es Butler y qué representa.

R. La conocí muy brevemente en Nueva York. Siempre me ha parecido muy abierta y accesible pese a la saturación social que conlleva su posición. Considero que Butler ha convertido al feminismo en la clave de lectura más intensa y políticamente significativa de la filosofía post-estructuralista, por una parte, y que ha convertido a la filosofía posestructuralista en la clave de lectura crítica más productiva del pensamiento feminista, por la otra. Cualquiera de las dos tareas la habría convertido en la filósofa más importante del fin de siglo. Hacer eso rompiendo de paso las barreras que separan al público académico del no académico, inspirando a los activismos y contraculturas de las disidencias sexuales y de género de un modo muchísimo más acusado, si cabe, a como las lecturas de Foucault pudieron acompañar los primeros pasos del activismo de grupos como Act Up, es el difícil de sobrevalorar suplemento que redondea la imagen de su influencia en la cultura contemporánea.

 

P. Últimamente existe un movimiento muy fuerte para prohibir la prostitución. Tú hablas de trabajadoras del sexo y de putofobia. ¿Cómo ves el asunto?


R. Lo veo, en primer lugar, como una muestra de la vigencia del componente más moralista del ala conservadora de las sex wars. Es decir, como una muestra de la vitalidad de muchas de las premisas del feminismo cultural y de las cruzadas antipornografía de Mackinon, Dworkin y compañía. Como en aquel caso, se victimiza a las trabajadoras del sexo (actrices porno aquellas, prostitutas estas) hasta privarlas de voz. No sólo se las considera privadas de autonomía cuando toman sus propias decisiones laborales, sino que se las excluye de los procesos de negociación con las administraciones públicas y de prácticamente todos los procesos de formación de discursos en torno a la prostitución.

Además, en segundo lugar, veo este fundamentalmente como un problema de lucha por los derechos de un colectivo de trabajadoras y trabajadores. Me parece gravísimo que una parte importante del feminismo institucional trabaje para bloquear cualquier avance en derechos de ese colectivo, contribuyendo a su precarización, al aumento de los riesgos en sus condiciones de trabajo, a favorecer la explotación por falta de convenios colectivos a los que acogerse, a mantener el estigma sobre aquellas a quien se dice querer proteger. Se trata de un feminismo de vocación salvífica que paradójicamente porta sangre, sudor y lágrimas a su espalda, entre otras cosas porque la incapacidad para diferenciar teórica y políticamente entre trabajo y trata con fines de explotación sexual complica todas las tareas policiales y judiciales de persecución de la trata.



P. ¿Podrías hablarme de la relación que mantienes con otrxs teóricxs y activistas como Gracia Trujillo, Javier Sáez, Carmen Romero Bachiller?


R. Con Javi me une ante todo el recuerdo de Paco, con quien compartimos amistad (la de él mucho más cercana y sobre todo prolongada que la mía). Por lo demás. respeto mucho su trayectoria activista y su labor de escritura, traducción, edición y difusión de trabajos en torno a las teorías queer. Con Gracia he compartido espacios de militancia como la Asamblea Transmaricabollo de Sol. Admiro no solo su labor académica y su reconstrucción de la historia del activismo lesbiano en el estado español con una mirada queer, sino, sobre todo, su capacidad para comunicar contenidos teóricos y políticos. Contagia el entusiasmo por lo que hace. Compartimos espacios, amistad personal y proyectos académicos. A Carmen la conozco mucho menos, pero también compartimos asambleas al comienzo del 15M y hemos coincidido en diferentes espacios académicos. Siempre es un placer tanto leerla como escucharla.

 

P. ¿Podrías hablarme de otrxs personas que consideras importantes y que yo no haya mencionado?

R. Paco Vidarte. Fue uno de los motores de mi interés por la teoría queer, incluso antes de oír hablar de estas. Sus obras menos académicas, como Extravíos y sobre todo Homografías, o incluso sus colaboraciones en algunas revistas, formaron parte de mi actitud político-sexual antes de saber quién era Judith Butler. Hablando de activismo, ha sido fundamental para mí el encuentro con Mónica Redondo, en la Asamblea Transmaricabollo de Sol. He aprendido mucho no sólo de su experiencia como activista, sino de su capacidad para convertir la convicción política en un motor vital de primer orden. Aunque a veces duela. Las larguísimas conversaciones que he mantenido con ella sobre las historias pasadas, presentes y futuras del activismo forman parte de mi manera de pensar. Y, además, es una gran amiga.

 

Elvira Burgos, de vuelta al plano académico, ha sido para mí uno de los grandes referentes en lo que a la recepción hispanohablante de la obra de Judith Butler se refiere. Nadie ha hecho tanto como ella desde la Filosofía y desde el pensamiento feminista por dar a conocer y valorar la obra de Butler en nuestro país. Fue parte de mi tribunal de tesis y uno de las personas que me animaron a seguir adelante durante su elaboración.

 

Ya en Portugal, me ha marcado el encuentro con Ana Cristina Santos, artífice y coordinadora del fantástico proyecto INTIMATE, de quien continúo aprendiendo cada día a tejer lazos entre la academia y el activismo. Trasladarme aquí también me ha permitido conocer a João Manuel de Oliveira, que ha sido no sólo un estímulo en mis trabajos recientes sino, además, uno de los amigos que me ha hecho más fácil el tránsito entre los dos países de la península ibérica. Lo mismo que Luciana Moreira, con quien he compartido estos últimos años idas y venidas de trabajo de campo entre Madrid y Coimbra y que ha hecho de esta última una ciudad mucho más cálida de lo que su prolongado invierno pudiera llegar a sugerir.

 

Aprendí mucho también de María José Guerra Palmero, durante mi doctorado, y de su enorme capacidad para entablar diálogos críticos y sosegados entre corrientes feministas muy diversas.