lunes, 27 de febrero de 2017

LOS OSCAR FRENTE A LA CRÍTICA QUEER

Moonlight

 

Director: Barry Jenkins
Guión: Barry Jenkins
Intérpretes: Trevante Rhodes, Naomie Harris, Mashershala Ali

 

Por Eduardo Nabal




 
Moonlight abarca demasiados temas y apunta hacia demasiados lugares como para profundizar en todos. Nos muestra la vida de un grupo de afroamericanos de clase baja que tratan de sobrevivir en una verdadera jungla de intereses y rivalidades, donde se mezcla la desestructuración familiar, el racismo (interiorizado o no), el consumo y tráfico de drogas, la homofobia y la vigilancia de la supremacía de un mundo blanco del que han sido excluidos para ocupar un lugar secundario en la vida norteamericana de nuestros días.
Barry Jenkins consigue un filme áspero, atravesado por ráfagas de violencia (contenida o no), con ramalazos de ternura y compañerismo, pero, a pesar de algunas imágenes poéticas (que efectivamente remiten al colorismo algo lisérgico del cine de Wong Kar-Wai) no acaba de lograr que su historia supere el formato algo  telefilmesco más que en algunas secuencias que se alzan, sobre todo gracias a la potencia dramática de los intérpretes (particularmente en el último trayecto del filme), que inundan las pantalla con su forma de ocupar los espacios en los lugares públicos y privados.
El filme se centra en la difícil adolescencia de Kevin, quien debe defenderse de los matones homófobos del barrio y acaba en la prisión de sus propios miedos. También aborda  las relaciones con su protector (inconmensurable Mashershala Ali), su único amigo de verdad en ese crispado microcosmos en el que crece,  y con su joven madre,  descuidada y adicta  a las drogas.
Un mundo social marcado por el estigma pero donde no hay verdadera sensualidad, a pesar de la fisicidad que transmiten algunos de sus personajes y del descarnado realismo del conjunto de la puesta en escena y  los apuntes líricos u oníricos que salpican el relato. Sin duda una de las grandes secuencias de Moonlight es el encuentro de los dos hombres en el bar al final de la película, o cuando el pequeño protagonista logra superar la mudez ante un mundo de brutalidad y masculinidad racializada; pero muchos cabos quedan sueltos y el conjunto, carente de erotismo y con una denuncia social algo suavizada, no acaba de convencer del todo. Con todo, nos alegramos de que un filme así, con sus altibajos narrativos,  mucho más honesta que, por ejemplo la tramposa  Precious de Lee Daniels, logre imponerse en los últimos Oscar a un edulcorado musical de típica pareja heterosexual que resulta ser además un canto a la sempiterna  ‘moral del éxito’.

 

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