sábado, 2 de septiembre de 2017

CLASICOS CINE QUEER: EDWARD II de Derek Jarman


 

 

 

 

DEREK JARMAN Y “EDWARD II” (1991)

 

Por Eduardo Nabal

 
 
 
Derek Jarman nace en Northwood, Middlesex, Inglaterra el 31 de enero de 1942 y muere en 1994 víctima del virus HIV del que era portador desde 1986.  Para este tiempo,  ya era una figura pública muy bien conocida en Inglaterra, activista y defensor de los derechos humanos y de los gays, inflexible en su lucha en contra de los medios y la homofobia. Su trabajo ha ganado un amplio aplauso y respeto alrededor del mundo.
 
Derek Jarman fue un personaje polifacético, además de las películas que rodó, también filmó una buena cantidad de cortos y vídeo-clips, y ha sido también productor, actor, escritor, escenógrafo, pintor especializado en collage y director de ópera. Sus películas fueron galardonadas en muchos festivales internacionales. Como escritor publicó no sólo sus guiones sino una serie de trabajos formalmente innovadores de un “collage autobiográfico” y diarios en los que se reinventaba él mismo y su vida, una y otra vez. Su carrera como pintor se desarrolló paralelo a su trabajo como diseñador. Estuvo nominado al premio Turner en1986 cuando su trabajo fue exhibido en la Tate de Londres. El sólo hecho de que Jarman pueda cumplir un papel tanto en la historia del cine como de las artes plásticas habla de un impulso artístico excepcional en su generación.
 
El cine de Derek Jarman es tan alucinante como desconocido para el gran público, al menos en nuestro país, y es que su cine independiente nunca anduvo cerca de los circuitos comerciales. De hecho, siempre encontraba muchas dificultades para encontrar productores para realizar sus películas, y es que algunas llegaron a tener menos presupuesto que las películas llamadas de serie b o bajo presupuesto.
 
Era una persona decepcionada con la situación política de Inglaterra durante la legislatura de Margaret Thatcher, y de esa Inglaterra deprimida sacó inspiración para escribir algunas de sus películas. Fue bastante criticado y atacado por los periódicos, el gobierno y el parlamento, incluso lo declararon personaje no deseado en Inglaterra hasta durante varios años. Otras de las inspiraciones fue su homosexualidad declarada, que también era palpable en sus películas.
 
Así como David Leavitt, novelista de la causa, Jarman problematiza la idea de un arte completamente subsumido en una cultura. Si Leavitt opta por el realismo novelesco y el asimilacionismo, Jarman se instala en el vanguardismo cinematográfico y la reivindicación de la diferencia. Las películas de Jarman experimentan con el anacronismo y el fragmento como sólo las de Godard, antes que él. Wittgenstein (1993) es una obra maestra del fragmentarismo, basada en la vida y la obra de Ludwig Wittgenstein, uno de los más grandes filósofos del siglo XX. Blue (1984) es el testamento cinematográfico de Jarman. Película sin imágenes, sobre una pantalla permanentemente azul se escucha la voz del autor, reflexionando sobre su obra y su experiencia de vida. Es un experimento radical que lleva el cine hasta el límite agónico que lo hace coincidir con la propia experiencia de vida de Jarman que para ese entonces estaba ciego.
 
 
 
 
Eduardo II (1991) Fue su última gran película definida dentro del Cinema Queer. Basada en la obra de Christopher Marlowe (1564-1593), Jarman hace una libre recreación de la vida de este monarca inglés que gobernó a principios del siglo XIV, deteniéndose en la relación homosexual que mantuvo con Piers Gaveston, un joven de origen humilde y los problemas que de ella derivaron.
 
 
 
La película es voluntariamente anacrónica, mezclando diálogos siglo XIV, con un vestuario, una música y una estética del siglo XX, con elementos de la cultura, pop, las subculturas gays y la iconografía local. Incluso se puede ver a un grupo de activistas gays británicos pidiendo la igualdad de derechos para los homosexuales, además de un clip de Annie Lennox cantando el himno de la causa gay norteamericana.
 
La película Eduardo II, filmada exactamente 400 años después de la obra original, es erótica, política, visualmente arrasadora, experimental en el sentido más provocativo e inolvidable. Antes de ver la adaptación reveladora del obra de teatro de Marlowe, es importante situarse unos siglos atrás y saber que era conocido como el chico más malo del Renacimiento Inglés, su lema era “lo que me nutre, me destruye” . Jarman juega un rol no muy diferente a cuatro décadas atrás. Quizá una de las obras más importantes del drama que Marlowe aportó al teatro es esta pieza maestra “Eduardo II”.  Es una combinación sin precedente de flexibilidad poética, pasión sin límites y compasión radical  que la hace no solo una tragedia inglesa sino la gran y singular temática gay entre el mundo antiguo grecorromano y la era moderna.
 
 
 
Es la película más simple pero con características más resonantes de Jarman. Las opresivas  paredes de piedra tan altas que siempre están por fuera del recuadro, los pisos sucios y el interminable laberinto de los corredores todos reflejando la naturaleza sofocante  de este mundo. Jarman acentúa el efecto con afiladísimos rayos de luz agudos y cortantes. Paradójicamente, es un espacio a la  vez plano, con cuartos estrechos pero sin límites. Esta puesta en escena no es disimilar al escenario Isabelino para el que Marlowe escribió, a la vez abierto y opresivo.
 
El diseño vanguardista es sorprendentemente original y en él involucra anacronismos con  las convenciones del teatro Isabelino. El vestuario juega una profunda significación en la estilización dramática. Jarman escoge literalmente el vestuario más restringido de las recientes décadas para jugar con naturaleza  represiva de la corte, un enfoque no diferente al escenario Isabelino, apuntando una mordaz mirada política en la que la naturaleza de la corrupción del poder y la presión anti-gay no es muy diferente en nuestro mundo moderno que en la época de Marlowe.
 
 
El estilo visual es simple y directo; es quizá uno de los más formalmente puros en términos de composición. Hay una austera belleza visual, no sólo en el escenario y el vestuario sino en los recuadros y aún en el movimiento de la cámara. Lo que hace esta estrategia visual tan fuerte y a veces abrumadora, son las volcánicas pero reprimidas emociones de los personajes están siempre en devastador contraste con los plácidos espacios.

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